Rebelión en los yerbales, con el primer sindicato y el líder Eusebio Mañasco

Material del libro “La Rebelión en los Yerbales”, una investigación del músico Diego “Mali” Schroeder.

Entre 1916 y 1922, la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) y la Federación Obrera Marítima (FOM) iniciaron campañas de propaganda para organizar a los trabajadores en zonas rurales apartadas. En junio de 1920, el delegado de la FORA Luis Lotito llegó a Posadas y conformó una comisión de 18 obreros marítimos para sindicalizar el Alto Paraná.

El 13 de junio de 1920, en una asamblea de más de 500 trabajadores en San Ignacio, se fundó el “Sindicato de Trabajadores en General de Misiones (sección San Ignacio)”, el primero de su tipo. Lotito nombró como delegado organizador al paraguayo Eusebio Mañasco, un foguista de barco que conocía de cerca la explotación del mensú (peón yerbatero) y decidió radicarse allí para liderar la causa. A un mes de su creación, el sindicato ya sumaba 950 afiliados.

Las primeras huelgas y conquistas históricas (Julio – Septiembre 1920)

El 12 de julio de 1920, el sindicato presentó un pliego de condiciones a las tres grandes empresas de San Ignacio (La María Antonia, La Plantadora de Yerba Mate y Martín y Cía.). Ante el rechazo patronal, se inició una huelga. La burguesía yerbatera y las autoridades locales reaccionaron con represión: desalojaron a obreros de sus viviendas, prohibieron asambleas e intervinieron con refuerzos policiales armados enviados por el gobernador.

Pese a la resistencia, el 27 de julio la huelga triunfó con el apoyo de la FOM, logrando conquistas históricas:

  • Reducción de la jornada laboral a 8 horas (antes era “de sol a sol”).
  • Aumento del sueldo mínimo a 4 pesos (frente a los 1,20 pesos anteriores).
  • Abolición del pago en vales y conquista de la libertad de comercio.

Posteriormente, entre agosto y septiembre, la empresa La María Antonia intentó quebrar el acuerdo en cuatro oportunidades mediante aumentos de la jornada a 9 horas, rebajas salariales y despidos masivos. El sindicato respondió con sucesivas huelgas cortas y demostraciones de fuerza, logrando reincorporar a los despedidos y frenar los abusos. A la par, los obreros sufrían detenciones brutales (como el traslado a pie y atados de 11 presos hasta Posadas, a 70 km) y amenazas de grupos de choque correntinos amparados por la policía.

El conflicto final, la Liga Patriótica y el fin del sindicato (1920-1924)

En octubre de 1920 comenzó el último y más largo conflicto, que paralizó la actividad por ocho meses. Las tres empresas se aliaron para exigir a los obreros su desafiliación del sindicato, la vuelta al trabajo dominical y la incorporación forzosa a la Liga Patriótica Argentina (organización nacionalista de ultraderecha y rompehuelgas). El administrador de La María Antonia, Jesús Palacios, creó incluso un sindicato patronal paralelo.

El quiebre definitivo ocurrió el 7 de junio de 1921 tras el asesinato de un colono local, Allan Stevenson. La policía detuvo a Eusebio Mañasco acusándolo de estar implicado. En mayo de 1924, en un juicio fuertemente cuestionado por la prensa obrera, Mañasco fue condenado a cadena perpetua.

La justicia ordenó además el allanamiento de las sedes sindicales, el secuestro de sus imprentas y la detención de cualquier nuevo militante. Con el encarcelamiento de su líder, la huelga se perdió, las conquistas fueron anuladas, los peones regresaron a las condiciones previas de explotación y el sindicato de San Ignacio —junto a los de Corpus y Candelaria— quedó completamente desarticulado.