El cambio climático potenció los incendios en la Patagonia

Según el informe del consorcio científico internacional World Weather Attribution (WWA), las condiciones meteorológicas cálidas, secas y ventosas que favorecieron la propagación de los incendios en la Patagonia fueron al menos 2,5 veces más probables debido al calentamiento global causado por la quema de combustibles fósiles. En Chile, ese aumento en la probabilidad fue incluso mayor, cercano a tres veces.
En la Argentina, el fuego comenzó a inicios de enero en la provincia de Chubut y recrudeció hacia fines de mes, afectando valles boscosos y zonas turísticas como Cholila, Puerto Patriada, El Hoyo, El Bolsón y Lago Puelo, además del Parque Nacional Los Alerces. Se quemaron más de 60.000 hectáreas.
Las llamas avanzaron sobre bosques nativos y áreas de alto valor ecológico, incluido el Parque Nacional Los Alerces, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO y hogar de alerces milenarios que pueden superar los 3000 años de vida. También quedaron bajo presión especies emblemáticas y vulnerables como el huemul y el pudú, que dependen de estos ecosistemas para sobrevivir.
Más calor, menos lluvia
El análisis científico se centró en el llamado “Hot Dry Windy Index” (HDWI), un índice que combina temperaturas elevadas, baja humedad y vientos intensos, variables clave para que un incendio se vuelva incontrolable. En la región patagónica estudiada, el evento de mayor intensidad de cinco días fue caracterizado como un evento que hoy ocurre, en promedio, una vez cada cinco años.
El otro factor clave es la sequía. El estudio detectó una disminución marcada en las lluvias de comienzos del verano (noviembre-enero), justo antes del estallido de los incendios. En la Patagonia, la precipitación en esa temporada se redujo alrededor de 20% respecto de un clima sin influencia humana. El informe científico detalla que el descenso podría ubicarse incluso entre 32% y 35% según el modelo estadístico considerado.
Menos lluvia implica vegetación más seca. A eso se suma que las temperaturas más altas incrementan la evapotranspiración, es decir, la pérdida de humedad del suelo y de las plantas. El resultado es un paisaje más inflamable. En la Patagonia, el calentamiento de 1,3 °C se asocia con una reducción significativa de la “precipitación efectiva”, lo que profundiza la aridez del entorno.
Los investigadores subrayan que la magnitud del desastre no depende solo del clima, sino también de la vulnerabilidad y la capacidad de respuesta. En Argentina, el informe menciona limitaciones presupuestarias y de monitoreo que podrían haber afectado la capacidad de contención rápida de los incendios.
El informe insiste en que, en un contexto de mayor riesgo estructural, la planificación territorial y el manejo del uso del suelo se vuelven cruciales.


Fuente: TN Sociedad. 15 de febrero de 2026.