El Movimiento Agrario de Misiones (MAM), fundado el 28 de agosto de 1971 en Oberá, ya cumplió más de cinco décadas de lucha por la defensa de pequeños productores, la tierra y precios justos para cultivos como yerba mate, té y tabaco. La organización, pionera en la agricultura familiar, resistió la represión -con muchos de sus líderes perseguidos y torturados- durante la dictadura militar, y sigue vigente en la defensa de la soberanía alimentaria, reivindicando sus ejes fundacionales y liderando los desafíos actuales que trae el gobierno anarcocapitalista de Javier Milei (desregulación económica profunda y un Estado mínimo).
Tamaña presencia fue homenajeada con la Distinción “Ivonne Pierron y Leopoldo López Forastier”, un reconocimiento anual, creado en forma articulada entre la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) Misiones y la Cátedra Libre de Pensamiento Político y Derechos Humanos de la UNaM, destinado a personas y organizaciones comprometidas con la defensa de los Derechos Humanos, la Memoria, la Verdad y la Justicia en la provincia. Fue otorgada, el viernes 27 de marzo, por el ex rector de la Universidad, Javier Gortari y por Carolina López Forastier, a su actual secretario general, Salvador Torres, y también a Amelia Báez, presa política, quien organizó y asumió la presidencia de la Asociación de Familiares de Presos Políticos de Misiones hasta la recuperación democrática. Esto, en el marco de las celebraciones por los 50 años del golpe militar en la Argentina.
“Este reconocimiento va para los compañeros de las chacras, de lo más profundo, de Colonia Pindayti, de Picada Seguin, Tamanduá y tantas otros lugares donde los colonos, en los 70, decidieron levantar la voz contra la injusticia y no callarse nunca más contra el poder de turno“, dijo Salvador Torres tras recibir el Distinción. “A partir de este hito, nunca más un productor misionero se ha callado y sigue luchando por sus derechos, por una colonia mejor, por un país mejor“, agregó. “Este reconocimiento también va a aquellos compañeros héroes, a nuestro mártires, que son muchos, como Pedro Peczak, Michel Guilbard, Juan Carlos Berent, Anselmo Hippler, Antonio Hartman, Luis Bilinski, Marino Loch, Bonifacio Flores, Clara Polachinski, Caldino Krain, Esteban Titus, Sergio Sobol, y tanto otros que nos guían con su lucha, con su compromiso que lo tenemos bien presente y ese compromiso firme nos ayuda a no aflojar nunca, ni ante las peores condiciones, que tengo segurísimo que pasaron las peores condiciones y resistieron y nos dieron el ejemplo para que estemos aquí y luchemos por la provincia que queremos“, enfatizó.

Historia y presente
La historia y el presente del MAM es trascendente, tal como lo muestra la investigación “El Movimiento Agrario Misionero en los años setenta. Protesta, movilización y alternativas de desarrollo rural”, autoría de Guido Galafassi de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional del Rosario:
La emergencia del Movimiento, en el año 1971, obedece fundamentalmente a un “intento de poner fin a una caída en los precios de la producción agraria que afectaba a todos los cultivos y a una serie de problemas laterales, como pago de yerba de años atrasados, falta de créditos, altos precios de los insumos, etc.”.
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Así lo refleja el Memorial del MAM al gobernador de la provincia de Misiones, publicado en el diario El Territorio, el 13 de septiembre de 1971 : “El campo de Misiones, y por consiguiente toda su economía, se encuentra al borde de la quiebra. Desde varios años los precios de nuestros productos dejaron de ser remunerativos. Hoy, cuando todo ha aumentado en proporciones exuberantes, los precios de casi la totalidad de nuestros productos han disminuido considerablemente y ya no compensan los mínimos gastos. La crisis financiera que resulta de lo dicho anteriormente se ve agravada por los impuestos de toda clase, la obligatoriedad del seguro contra terceros, de los altos intereses, de la escasez de los créditos”.
Es en este contexto que a principios de 1971 se organiza un Comité Pro Defensa del Agro en Misiones reuniendo a una variada gama de sectores e intereses (Federación de Cooperativas de Misiones, Asociación Rural Yerbatera Argentina – ARYA, Centro Agrario Yerbatero Argentino – CAYA y los activistas del Movimiento Rural y sus cuadros agrarios). La diversidad de sectores sociales y fracciones de clase, con objetivos e intereses diferentes dificulta la proyección en el tiempo de este Comité. Por lo tanto, si bien concuerdan en algunas reivindicaciones mínimas, se dificulta el acuerdo en tanto algunas tendencias propongan profundizar el programa de reivindicaciones, afectando así a los sectores burgueses del frente. A fines de mayo se intenta realizar una movilización provincial de agricultores pero las organizaciones ligadas a los sectores y fracciones de clase de la burguesía agraria (ARYA y CAYA) junto a la, denunciada como burocrática, Federación de Cooperativas, impiden la coordinación imposibilitando así cualquier movilización popular.
Finalmente y basándose en una mayor homogeneidad de intereses se crea el Movimiento Agrario Misionero el 28 de agosto de ese año a partir de una asamblea reunida en Oberá en la que participan 95 delegados en representación de 65 colonias. Se aprueban estatutos y se elige una Comisión Coordinadora Central integrada por Anselmo Hippler, Antonio Hartman, Juan Carlos Berent, Luis Bilinski, Marino Loch, Orestes Pedro Peczak, Bonifacio Flores, Clara Polachinski, Caldino Krain y Eugenio Kasalaba.
Los fundamentos y fines formalmente esbozados en el estatuto por las cuales se crea el MAM son los siguientes:
- (Debido) “a una situación económica social de injusticia que afecta a todas las familias agrarias, en especial a las de los pequeños y medianos productores;
- la falta de una organización de base que les permita constituir por medio de la unidad, un factor de influencia ante los sectores de decisión para conseguir soluciones de fondo a sus problemas;
- al gran éxodo de la juventud agraria de Misiones” (art. 3).
Así, se propone “constituir el M.A.M. como instrumento de defensa, servicio y control de los intereses económicos y sociales de los agricultores” (art. 4) a través de los siguientes medios: “toma de conciencia de la realidad, capacitación, propiciar una renovación y un sano desarrollo del cooperativismo, crear organismos de servicios sociales para los socios” (art. 5).
De esta asamblea surge también un primer petitorio en donde se intentaba ya conjugar las reivindicaciones de los distintos tipos de colonos: fijación de precios con reajuste para la yerba mate, pago de las remuneraciones atrasadas por parte del mercado consignatario de yerba mate, prohibición de la importación de productos cultivados en el país, facilidades para exportar tung y té, otorgamiento de tierras a los campesinos pobres, todo esto dentro de un contexto de reclamos a través de los cuales se posicionaban antagónicamente frente a las estructuras monopólicas en la comercialización, industrialización, exportación e importación de yerba mate y té y, en segundo término, frente a la posesión latifundista de la tierra.
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El 8 de septiembre se realiza la primera manifestación del MAM en la ciudad de Oberá (sede del movimiento), tal como había sido decidido en la asamblea de fundación al establecer a ese como el “día del agricultor”. Participaron más de 4000 colonos y se lo caracterizó como “un día de protesta de un pueblo que sufre”. Participaron además dirigentes de algunas cooperativas, el obispo de Posadas (al igual que en los inicios de las Ligas Chaqueñas) monseñor Jorge Kemerer y el ministro de Asuntos Agrarios de la provincia, ingeniero Mauricio Alemann.
El ministro da la bienvenida al movimiento en tanto ocupa un lugar que estaba vacío creando una agremiación auténtica que luche por los intereses del campo misionero y anuncia un acuerdo con los industriales en relación a una suba en el precio del té verde que llegaría a los $25 lo que si bien representa una mejora respecto a la suma abonada el año anterior, lejos estaba de los $50 reclamados por los
agricultores.
Ante estas precarias promesas, el MAM responde con una nota elevada al gobernador, en donde manifiestan rotundamente que “el campo de Misiones y toda su economía se encuentran al borde de la quiebra”, que las causas de la crisis se deben a “la falta total de una política agraria de mediano y largo plazo; la industrialización fuera de la provincia … por empresas monopólicas que poco a poco fueron transformándose en factores de poder antagónicos a los intereses de la provincia; las importaciones que aumentaron el desequilibrio del mercado interno; … la tenencia de la tierra (en donde) por un lado encontramos minifundios que nunca podrán llegar a ser unidades económicas, cuando por otro lado encontramos grandes extensiones no explotadas”. Por todo esto exigen que se fijen precios mínimos para el té verde, almidón, tung y demás cultivos, “que se declare zona de emergencia a la provincia de Misiones; que se prohíba toda importación de aquellos productos, siempre y cuando la producción nacional alcance a satisfacer la demanda interna; que se cancelen las retenciones a las exportaciones de té y tung, que se entreguen títulos a los ocupantes de la tierras fiscales; que se ponga en marcha un amplio plan de colonización entregando tierras a los que no tienen; que se haga una planificación de la producción; y que se entreguen créditos a
largo y corto plazo”.
EL movimiento rápidamente logra posicionarse -pasando de 65 a 80 núcleos de base- en la compleja y dinámica relación de fuerzas y sectores del agro misionero (legitimándose como representante de ciertos intereses) a través del llamado periódico a la movilización y a la lucha en las calles.
Tal es así que puede decirse que el MAM recibe su “bautismo de fuego” haciendo efectivo su ingreso a la política en el momento en que el gobierno provincial decide reprimir una de sus manifestaciones, la que tuvo lugar el 20 de octubre en oportunidad de concretar una marcha hacia Posadas que solo llegó hasta Candelaria debido a la fuerte represión desplegada por una fuerza combinada de policía, gendarmería y ejército. El acto se termina realizando allí mismo, luego de un acuerdo con el gobierno y las intervenciones fustigan fuertemente al poder político y al económico. Oreste Peczak, de la Comisión Coordinadora Central manifestó, “No hay soluciones a la vista porque el gobierno tiene partes ligadas a los grandes monopolios y no parece dispuesto a cortar con ellos”. Antonio Hartman, secretario general del MAM, por su parte explicó “No nos engañemos hermanos, el origen de nuestros males no está en el salario elevado de los obreros que son nuestros compañeros de infortunio; tampoco está en la falta de preocupación de parte nuestra, como muchos dicen, porque ¿Quién de nosotros no tiene ansias de progreso y de llevar una vida mejor? Hermanos, el verdadero mal está en los monopolios nacionales e internacionales, que tienen el dominio de la economía en función de sus propios intereses. Sistema económico que en ningún momento contempla al hombre, sino el tener más a costa de la miseria nuestra”.
La relativa originalidad en relación al formato de la protesta también caracterizó al MAM. Cuando en enero de 1972 la crisis del té llega a un punto de máxima tensión dada la abrupta baja del precio que los acopiadores pagan a los productores, lo cual genera obviamente un fuerte crisis en este estrato dada la dificultad de siquiera cubrir los costos, el MAM declara un huelga que alcanza a todos los productores tealeros de la provincia. Esto consistía en la no entrega del producto a los secaderos. Pero también esta acción de protesta se complementa con la decisión de impedir que las grandes explotaciones, pertenecientes en su mayoría a los grandes industriales, puedan también cosechar su producción. Para esto, y en relación a lo mencionado más arriba por el secretario general del movimiento, se realiza un acuerdo con los trabajadores rurales. Estos, para no perder sus jornales, no dejaron de cosechar el te de las grandes explotaciones pero sin embargo, informaban rápidamente al MAM el momento de carga del producto, así los agricultores podían inmediatamente impedir el transporte de lo cosechado a través de piquetes en las rutas y caminos, que llegaron incluso al vuelco de toda la carga en el caso que los transportistas se negaran a regresar. Reciben la solidaridad de las cooperativas quienes no solo acceden a pagar los $50 reclamados por kg. de té verde, sino que además se pliegan a la huelga. Finalmente el 31 de enero el gobierno decide aceptar las condiciones del MAM por lo que el movimiento comunica que “ha logrado un nuevo triunfo gracias a la acción decidida y valiente de todos sus socios y simpatizantes”.
Dada la relativa diversificación de la producción agraria de Misiones, el MAM también luchará por las condiciones de producción y comercialización de los otros productos provinciales. El tabaco y el tung también ofrecerán motivos para iniciaran acciones de protesta. En los primeros meses de 1972 reclaman por un aumento en los precios en estos dos productos, logrando un triunfo en ambos casos. Para el tung logran un aumento de precios y créditos para levantar las cosechas y para el tabaco un aumento del 107% en el precio y el pago en noventa días. Este último hecho benefició sobre todo a los agricultores más pobres quienes eran los mayoritariamente dedicados al cultivo del tabaco, participando con un alto caudal en las protestas.
Luego de estas últimas luchas, se decide en una nueva Asamblea Ordinaria realizada el 29 de abril de 1972, sistematizar los reclamos sobre los diversos productos, exigir tierras para los agricultores no propietarios, designar a ocho miembros de la dirección con el carácter de permanentes (pagos), editar el periódico del movimiento y gestionar un espacio en la Radio Oberá.
El primer número del periódico aparecerá en junio de 1972. “Amanecer Agrario”, saldrá primero quincenalmente con una tirada de 8000 ejemplares para pasar luego a una edición mensual. Además de las noticias sobre las actuaciones del MAM y los hechos provinciales con especial relación a la temática agraria y documentos y declaraciones del movimiento, aparecerán en el periódico notas de fondo con una orientación política clara, “antimonopólica” y por la “liberación nacional y social”. Una página permanente estará dedicada a reflejar las problemática de la mujer campesina. Una diferencia con el resto de las publicaciones de las otras ligas del Nordeste, es la profusa inclusión de publicidades de empresas pequeñas y comercios de la zona de Oberá. Esto refleja un hecho relativamente común en los años setenta en relación al amplio apoyo que reciben las luchas de las diferentes fracciones de las clases populares por parte de las clases medias urbanas.
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Durante los meses que transcurren entre mayo y octubre de 1972, se llevan adelante numerosas manifestaciones de protesta con paros agrarios contundentes y masivos y numerosas movilizaciones. Estas luchas en la provincia de Misiones confluyen los días 18 y 19 de octubre en un paro regional conjunto de las ligas agrarias de Chaco, Formosa, Misiones y Santa Fe, adhiriendo también las de Corrientes.
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En relación a lo dicho más arriba, es importante destacar el amplio espectro de adhesiones que suscito este paro en la provincia de Misiones, desde las secciones de Campo Viera y Oberá de FATRE (trabajadores rurales), la intersindical de Gremios Provinciales, la CGT (regional Misiones), el Sindicato de Trabajadores Viales de la provincia, la Unión Judicial de Misiones, hasta diversas expresiones del partido justicialista, el Circulo Médico de la zona centro, la Comisión de abogados para la defensa de presos Políticos y Gremiales y la Cooperativa Agrícola Limitada de Oberá-
La crisis tealera (violenta baja en el precio pagado por los acopiadores) que llega a su punto máximo en 1972 marca un nuevo auge en las luchas del MAM el cual llama a una huelga en acuerdo con los obreros rurales que consiste en la no entrega del té verde a los secaderos. Una vez más las empresas monopólicas son un foco fundamental de las protestas liguistas. Está presión tuvo éxito esta vez accediendo el gobierno a las peticiones de los productores. En relación a la democratización de las cooperativas “burocratizadas” el MAM también desarrolla una tarea importante logrando un incremento de la participación que se traduce en un aumento de la conciencia política. El año 1972 transcurre entonces con una sucesión de luchas por los precios del té y la yerba mate respondiendo el gobierno en la mayoría de los
casos con diversas formas de represión.
La victoria en las elecciones de 1973 del Frente Justicialista de Liberación marca una tregua inicial al crear el nuevo gobierno el Instituto Provincial de Industrialización y Comercialización Agrícola (IPICA) conformado por los sectores ligados a la producción agropecuaria, obreros y agricultores, y encargado de intervenir, regulando y controlando todas las etapas de la producción y la comercialización. A pesar de esto, la disputa por el control de la Comisión Reguladora de la Yerba Mate (CRYM), organismo nacional encargado de la asignación de cupos y percibir los impuestos y redistribuirlos entre los productores generó ciertas fricciones, por cuanto los grandes productores y plantadores que dominaban el organismo no pudieron ser desplazados de la conducción. El MAM propiciaba la intervención provincial a la CRYM, lo que nunca pudieron lograrlo dada la importancia estratégica no solo a nivel provincial, sino también nacional, de los sectores económicos involucrados. No obstante, el gobierno provincial desarrolló una política, especialmente en la negociación de los precios, altamente favorable al MAM, lo que determinó un clima de calma ante la inexistencia de conflictos durante todo el año de 1973. Esto permitió que la conducción del MAM se involucre más políticamente dejando de lado el perfil claramente gremial que había desarrollado el MAM hasta el momento. El punto culminante fue una gran movilización organizada en el centro de Posadas en apoyo al gobierno electo bajo la consigna “apoyar y controlar al gobierno popular”, en consonancia con la política desarrollada por la Tendencia Revolucionaria del peronismo. Esta actitud agudiza las contradicciones internas generando en 1974 sucesivas fracturas del movimiento tanto hacia derecha (AMA – Agricultores Misioneros Agremiados) como hacia izquierda (LAM – Ligas Agrarias Misioneras). AMA representa a aquellos sectores ligados a las grandes cooperativas y productores, fundando sus ataques a la conducción, acusándolos de comunistas, extraagrarios y con la intención de copar las cooperativas lo que desvía al movimiento de lo que serían sus auténticos intereses como productores. Establece rápidamente sus nuevos alineamientos pasando a integrar el “Comité Intergremial” junto con la Asociación Rural Yerbatera Argentina (ARYA), el Centro Agrario Yerbatero Argentino (CAYA), la Asociación de Plantadores del Nordeste Argentino12, la Cámara de Molineros y la Federación de Cooperativas Agrícolas de Misiones, todas organizaciones con una perspectiva claramente mas empresarial y alejada de las reivindicaciones movimientistas y cada vez más explícitamente politizadas del MAM.
La relativa quietud del año 1973, lleva a que el MAM se transforme fundamentalmente en la acción de sus cuadros de conducción politizando y radicalizando progresivamente el discurso (a través de la definición de una nueva etapa que denominaron “Reorganización, Profundización y Movilización”), y creyendo que contaban con el apoyo de las masas, aunque se observara una marcada desmovilización a partir de la reducción de la protesta a solo algunos sectores, lo que llevó a una marcada territorialización de los conflictos, perdiendo así el carácter de movilización regional que había asumido hasta el momento. Esta separación entre conducción y bases se materializa en julio de 1974, cuando en una asamblea general ordinaria se eligen nuevas autoridades del MAM. El sector de intelectuales que desde hacía dos años formaba la dirección del movimiento y sus asesores, son desplazados por una nueva comisión elegida por mayoría de delegados. La comisión saliente constituye primero una “Comisión Provisoria por la recuperación del MAM” terminando luego, al no poder concretar este objetivo, conformando en noviembre lo que se denominarán las Ligas Agrarias Misioneras (LAM), que se sitúan, continuando el proceso de politización y radicalización, a la izquierda del MAM quien de ahora en más entenderá que su lugar en la provincia está dado fundamentalmente a partir de su definición como entidad gremial, estableciendo así su lugar en la sociedad misionera como estructura corporativa de los productores y diferenciándose de la conducción anterior al sostener que “Después de tres años se haber sido creado el MAM vuelve a recomenzar a ubicarse dentro de su primera línea: la defensa del agricultor por los agricultores”.
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A medida que el gobierno peronista se va descomponiendo y se van haciendo cargo cada vez con mayor fuerza del control del poder los sectores enrolados claramente en la estrategia de la recuperación del “orden”, la protestas agrarias se van diluyendo y perdiendo fuerza, tanto frente al escaso éxito logrado en los últimos dos años como ante el aumento de la política represiva por parte del gobierno aliado a los sectores económicos más concentrados.
Finalmente la dictadura que se instala en 1976 y golpea duramente al movimiento de productores a través del Operativo Toba IV que los pone fuera de la ley. El ejército a cargo del Estado declara una guerra en donde el enemigo es la subversión, cayendo en esta categoría tanto el Partido Auténtico, como la JP, los montoneros y aquellos sectores del movimiento agrario más cercanos a estas expresiones políticas, especialmente los allegados a las Ligas Agrarias Misioneras. Al ser suspendidas y puestas fuera de la ley toda actuación sindical, el MAM y las otras agrupaciones desaparecen de la escena y se cierra así la movilización agraria de los años setenta en la provincia de Misiones.
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Actualidad
“Con la vuelta de la democracia comenzamos lentamente a reorganizar el MAM con los compañeros que quedaron. La situación económica se había agravado y toda la estructura lograda previa al golpe se vio devastada. Fuimos pocos los que nos animamos a continuar con la lucha”, afirmó Eliseo Baidowski, ex militante del MAM que sufrió en carne propia la cárcel y la tortura, en una nota del periodista Sergio Alvez, publicada en Tierra Viva, Agencia de Noticias.
Al repasar los pasos desde ese punto hasta la actualidad, Salvador Torres recordó, en la misma nota, las movilizaciones en reclamo del precio del té y la lucha por la tierra, “un camino de lucha que hasta hoy lleva conquistada más de 100.000 hectáreas con lucha directa, todo para la agricultura familiar”.
En esa línea, deben recordarse Los Tractorazos que dieron origen al Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), La Ley de Arraigo y Colonización, la creación de las Ferias Francas, y como desafíos actuales deben citarse la resistencia al avance del monocultivo de exóticas, como el pino elliottis, con el predominio de multinacionales que concentran miles de hectáreas de tierras; la lucha por un nuevo modelo de producción basada en la generación de alimentos sanos, y la recuperación y cuidado del agua y otros bienes naturales, y la recuperación de todas las facultades del INYM, seriamente dañado por la profunda desregulación económica, para dar generar nuevamente herramientas que permitan el crecimiento y desarrollo de todos los eslabones de la actividad yerbatera.