Juan Carlos Furlán tiene una extensa experiencia en agricultura sustentable. Fundó la Base de Experimentación El Ceibalito, el programa Semillas Soberanas, Fuck Peak Oil y Pan sin veneno en Misiones. Es investigador y divulgador de tecnología agrícola sustentable, miembro del plantel docente del Diplomado internacional en Biopoder Campesino, y asesor de productores en varios países y del Ministerio de Agricultura Familiar de Misiones.
En las siguientes líneas, Furlán repasa la situación de Misiones en el actual contexto político económico nacional e internacional, y nos brinda su opinión sobre qué hacer para fortalecer a las chacras con familia agraria y a la par, la conservación de los bienes naturales.
Paranaense (P).
Furlán, en tu escrito “MISIONES, el carbono perdido y las 26.000 familias que estorban” informas que “Brasil perdió 1.400 millones de toneladas de carbono del suelo en los últimos treinta años, lo que equivale a 5.200 millones de toneladas de dióxido de carbono liberadas a la atmósfera“, que los grandes responsables de esa situación son el agronegocio y la forestal industrial, y que eso, en cuanto al hecho, se puede trasladar al territorio de Misiones.
En Misiones, decís, “hay un elemento que resiste, que frena, que estorba los planes del agronegocio y la forestal industrial: 26.000 familias campesinas viven y producen en el territorio misionero, pequeñas unidades productivas dedicadas a la yerba mate, al té, a la mandioca, a la producción diversificada de alimentos“. Y ponderás: “Estas familias no son un dato folklórico ni un residuo del pasado: son, en los hechos, la principal barrera contra la expansión del desmonte, contra la concentración de la tierra, contra el avance de los pinos sobre el suelo que aún retiene carbono y biodiversidad“.
La pegunta es: ¿En nuestra provincia, además del monocultivo de exóticas, qué otras actividades / políticas vez como amenazantes para el ambiente y para la permanencia de la familia agraria en sus chacras?
Juan Carlos Furlán (JCF).
El responsable es el extractivismo. La expansión de la frontera agrícola consiguió ese récord en Amazonas y pasa igual con la Mata Atlántica. Misiones es parte de ese mismo bioma y su destino no está exento.
Las amenazas más palpables podemos verlas en lugares como Colonia Aurora donde es posible que un chacrero pase a Brasil y retire a sola firma un tractor usado o nuevo a pagar con soja y que pasa la frontera de contrabando en balsas.
Está aumentando cada año el número de hectáreas cultivadas con sistemas round up ready de soja y maíz en territorio provincial y eso se sabe y está muy bien documentado.
La desregulación de las actividades tradicionales, fundamentalmente de la yerba mate, el encarecimiento de los insumos de síntesis química, así como el de los alimentos balanceados e incluso el mismo maíz para forraje, la ficción de precios que no hace realmente rentable casi ninguna producción, las sequías prolongadas, la pérdida de fertilidad en los suelos, los costos en combustibles y repuestos, etc… El escenario es mucho más caótico y dramático de lo que nos atrevemos a reconocer. Y todos ésos problemas se acentúan año a año porque se deben al decrecimiento planetario que impone haber alcanzado los límites biofísicos del planeta, siendo lo más importante el Peak Oil. Así¨, la nueva normalidad es del caos que se expresa en una carrera de sálvese quien pueda.
La desregulación de la producción de yerba mate, impulsada en los últimos meses, no es una medida técnica ni un ajuste menor: es una herramienta de expulsión. Cuando el campesino se ha ido, cuando ya no hay quien defienda el monte, cuando el territorio queda limpio de habitantes incómodos, entonces sí, entonces llegan los pinos, llega la soja, llega la biomasa, y con ellos la pérdida definitiva de ese carbono que el estudio de la FAPESP mide con precisión lapidaria.
El Estado Nacional se está retirando de toda acción social y productiva que no responda estrictamente al interés de empresas multinacionales y es un fenómeno de Occidente todo. Eso enmarca una orfandad crónica. La provincia de Misiones en tanto gobierno está defendiendo con piedras y palos una isla y no sabemos hasta cuando resista dado que el lobby de empresas como Bayer está limando la correlación de fuerzas.

P.
Haces notar que Misiones, “con sus millones de hectáreas plantadas de pinos, con su industria forestal ya instalada, con su suelo colorado y su clima húmedo, aparece en los mapas globales como una futura proveedora de biomasa, como la fábrica de pellets que alimentará las calderas europeas mientras aquí se vacían los montes y se acelera la transformación de lo que aún queda de selva nativa en desiertos verdes de una sola especie, homogéneos, empobrecidos, listos para la trituradora“.
Además de la biomasa, ¿qué otros recursos demanda el mundo y que estén en nuestro territorio?
J.C.F.
El mundo está desde el 2005 atravesando el pico del petróleo convencional y desde el 2018 el pico de todos los petróleos. Entre 2021 y 2023 la oferta de GASOIL se derrumbó un 15 % a nivel mundial. Sostener las sociedades complejas demanda desarrollar sistemas alternativos de energía. China está quemando carbón como nunca antes y Europa ya desmanteló todos sus planes renovables para también revivir sus minas de carbón (100 veces más contaminantes que el petróleo). Esas minas de Europa están exhaustas. De allí que ya se empieza a hablar de biomasa que no es más que una elegante manera de decir leña. Si por ejemplo España quemara todos sus bosques, no obtendría energía más que la que demanda el consumo de ese país en un año. Allí entra en la ecuación los chips de la forestoindustria misionera como mercado proveedor probable en un futuro no muy lejano.
¿Qué otros recursos hay? Suelo… Mucho suelo virgen. El mercado de biomasa abre una ventana espantosa al desmonte clandestino y la apertura a suelos nuevos aptos para reemplazar los ya agotados sustratos de la Pampa Húmeda. El Chaco es una muestra clara. Hace diez años se decía que esas tierras no eran aptas y en menos de una década destruyeron prácticamente todo monte o ecosistema natural para implantar soja. Puede que Chaco y Misiones no se pueda comparar con la Pampa Húmeda de los manuales. Pero la verdad es que ya no es húmeda sino seca y según sentencia el mismo INTA, el 80% de esos otrora mejores suelos están en franco e irreversible proceso de erosión.
Toda la selva misionera puede (como en Chaco) desaparecer completamente en menos de diez años.
Sin embargo, el mundo también demanda BIODIVERSIDAD. Aquí en nuestro monte aún está solapada la cura de miles de enfermedades y de descubrimientos con el potencial de transformar completamente la humanidad. Apenas si sabemos algunas cosas sobre el 1% de lo que compone la biodiversidad de nuestro suelo silvestre. La puesta en valor del basalto como harina de roca, la tosca como fuente de fósforo, los microorganismos de montaña, o formas de vida como la trichoderma autóctona… Todos elementos de muchísimo valor agregado. De allí la tragedia de pensar en quemar para leña de Europa.
P.
Decís que la familia rural es la principal barrera contra la expansión del agronegocio y la forestoindustria, el desmonte, contra la concentración de la tierra, contra el avance sobre el suelo que aún retiene carbono y biodiversidad.
Desde tu mirada, ¿qué hacer, desde el Gobierno, para que el colono se quede en la chacra y que esa producción se amplíe amigablemente con el monte?
J.C.F.
El Gobierno debe ser el gran ordenador del decrecimento. Debe ser el principal potenciador de la organización popular con liderazgo campesino. No hay recursos, pero hay gente y mucha que cobran sueldos. El Estado debe salir a los territorios de manera urgente y decirle a la gente la verdad: pico del petróleo, cambio climático, desertificación de suelos, escasez y amenaza de hambruna. Con honestidad brutal, ponerse a la cabeza de la planificación efectiva del poder en territorio para la garantía de soberanía real tanto política como energética y alimentaria.
El Gobierno necesita un plan y cuadros formados en estos nuevos desafíos de época. Esas son las bases sustentables para que el colono se quede. Ya no estará en la ecuación las posibilidades del mercado sino la satisfacción de las necesidades de la población en territorio. Eso demanda planificación. Cuánto de mandioca, lechuga, carne, leche se consume en tal pueblo, quienes producen eso, cómo alentamos su organización para que la comunidad se involucre en ese apalancamiento.
No se trata entonces de ampliar superficie sino de poner lo existente al servicio del territorio y no del mercado. Es necesario comprender que el encarecimiento de los insumos de síntesis química va a empeorar más y más, y si eso no se traduce en la planificación de un nuevo contrato social, el éxodo rural es irremediable. Paradójicamente lo de amigable con el ambiente será un derivado lógico ya que será indispensable la producción de insumos orgánicos locales regenerativos fruto de la misma demanda de los cultivos.

P.
Cuando se te pregunto cuáles son los productos agrarios que deberíamos profundizar, afianzar, siguiendo la línea que planteas en tu texto, respondiste “es necesario establecer organización social decrecentista y planificar soberanía local sobre la base de la demanda real en tanto capacidad de abastecimiento en territorio“. ¿Podrías explayarte y explicar qué significa eso?
J.C.F.
Es sentido común: ¿qué vamos a cultivar? Lo que se consume! Pero de verdad. Realmente. En lo local, en el km 0. Los supermercados y sus productos están hechos de petróleo. Eso está decreciendo. Estamos en plan de desabastecimiento constante por múltiples factores que conducen a un inminente colapso de las sociedades complejas. La Tasa de Retorno Energética de nuestro principal suministro de energía (vaca muerta) está en 5:1. Cada municipio deberá planificar ese descenso si no desea que sus pueblos entren en una espiral de violencia, caos y descontrol. Necesitamos organización social.
P.
Hablás de democracia directa y apoyo mutuo. ¿Cómo sería esa democracia directa (con un ejemplo) y ese apoyo mutuo (con un ejemplo)?
J.C.F.
Democracia directa, es decir: asambleas permanentes de campesinos y comunidad, tal y como ya se experimenta en los programas de certificación agroecológica de la provincia. Allí también se acciona desde el apoyo mutuo, pero la tradición de nuestro pueblo es muy rica en ese sentido: mingas, ayutorios, etc. Un tambo, matadero y una huerta en cada municipio con gestión estatal y ciudadana; huertas comunitarias en pueblos y ciudades, brigadas de jóvenes en cultivo de árboles frutales en plazas y boulevares, capacitación masiva en técnica de cultivo a mediana y baja escala, talleres de formación en organización popular y cooperativas. Y así las miles de formas que nuestro pueblo despliegue en el afán de resolver todos y cada uno de los desafíos que impone la cruel coyuntura.
P.
En nuestro país, Misiones es la provincia con más familia agraria. ¿Hay otra provincia con esta característica?
J.C.F.
No hay otra provincia con mayor concentración de minifundios habitados. Y eso es una maravillosa base material para emprender todas estas transformaciones. Nuestra realidad es inmejorable y tenemos tiempo para todo esto. Lo que no tenemos es tiempo para perder el tiempo.
Cambio climático
En el escrito “MISIONES, el carbono perdido y las 26.000 familias que estorban“, Furlán evalúa a la provincia de Misiones en el contexto del cambio climático mundial y considera que la agricultura familiar es una aliada para mitigar ese cambio climático.
“El mismo estudio que cuantifica la catástrofe señala el camino: recarbonizar el suelo mediante técnicas como la rotación de cultivos, la siembra directa, los sistemas agroforestales, la recuperación de pastizales degradados. Técnicas que, casualmente, son las que las familias campesinas vienen aplicando desde siempre, no por conciencia climática sino por necesidad, por supervivencia, por sentido común“, indica. “La yerba mate bajo sombra, el monte integrado al cultivo, la diversificación productiva, el suelo cubierto: todo eso es agricultura campesina, y todo eso es, exactamente, lo que la comunidad científica propone como solución para mitigar el cambio climático y recuperar los suelos degradados“, agrega, al tiempo que hace notar la necesidad de fortalecer ese modelo.
“La próxima vez que alguien hable de crisis climática, de metas de reducción de emisiones, de compromisos internacionales, conviene recordar esta historia. Porque los 1.400 millones de toneladas de carbono perdidas en Brasil no son un fenómeno abstracto: son el resultado de decisiones concretas sobre quién produce, cómo produce y en beneficio de quién. Y las 26.000 familias campesinas de Misiones no son un obstáculo para el desarrollo: son, en rigor, la única garantía de que el desarrollo no termine por devorar lo poco que queda“, concluye.
Posadas, Misiones, 19 de febrero de 2026.