Misiones posee una de las mayores riquezas en agrobiodiversidad de Argentina, sostenida por agricultores locales que conservan y multiplican semillas nativas y criollas. Sin embargo, este patrimonio y el equilibrio de la Selva Paranaense están amenazados por el avance del monocultivo forestal de especies exóticas (impulsado a escala industrial desde los años 70), la contaminación por transgénicos, la presión de los híbridos comerciales y el desfinanciamiento de los bancos de germoplasma del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).
Frente a este panorama, Silvina Fariza —genetista, investigadora del INTA) en Misiones y responsable técnica del Proyecto Trinacional Raíces y del proyecto Casas de Semillas— analiza la realidad actual de la región:
Impacto del monocultivo de exóticas
- El monocultivo de exóticas, sobre todo con pino elliottii, ¿representa una amenaza para la conservación de las semillas nativas y criollas en Misiones?
El monocultivo no solo fragmenta el ecosistema, sino que agota los recursos hídricos y desplaza la agricultura familiar. Representa una fuerte amenaza estructural. Lo que la soja significa para la región pampeana, el monocultivo de pino lo representa para Misiones. Estos sistemas forestales a gran escala rompen el equilibrio ecológico local mediante la extracción intensiva de nutrientes sin reposición natural y un consumo altísimo de agua.
Al desplazar la selva nativa y fragmentar los paisajes de la agricultura familiar, se reducen los espacios destinados a las huertas y chacras biodiversas. Sin chacras no hay Guardianes de Semillas, y sin guardianes, las variedades nativas y criollas pierden el territorio vivo donde se conservan y evolucionan.

Amenazas a las semillas nativas y criollas
- Además del monocultivo de exóticas, ¿qué otras amenazas enfrentan las semillas nativas y criollas?
La amenaza más crítica y silenciosa es la contaminación génica por el uso de variedades transgénicas —principalmente en el maíz por el tipo de reproducción que posee—, la cual pone en riesgo la pureza de las variedades criollas conservadas durante generaciones.
A esto se suma la presión del mercado, que empuja a la sustitución de semillas locales por híbridos comerciales vinculados a paquetes tecnológicos rígidos y costosos. Estos insumos comerciales no consideran las particularidades agroclimáticas de nuestra región ni la idiosincrasia del productor. Cuando un agricultor abandona su semilla criolla, no solo pierde un recurso genético adaptado a su suelo, sino que rompe un eslabón clave de su autonomía económica y cultural.
Acciones del INTA y el trabajo territorial
- Desde el INTA, ¿qué programas o acciones se implementan para conservarlas?
El panorama actual es complejo. Los programas nacionales de mejoramiento y conservación, incluyendo los bancos de germoplasma —que constituyen la reserva y el resguardo estratégico de nuestra agrobiodiversidad—, están sufriendo un severo desfinanciamiento. Esto repercute directamente en la pérdida de profesionales clave y en la falta de recursos operativos para el mantenimiento técnico de estas colecciones.
Sin embargo, frente a esta retracción institucional, la respuesta sigue estando en el territorio. Los técnicos de las agencias locales continuamos acompañando de cerca a las organizaciones campesinas y al Movimiento por las Semillas Campesinas de Misiones. Nos enfocamos en la capacitación en técnicas de conservación en chacras, el rescate de variedades en riesgo y el fortalecimiento de redes de Guardianes de Semillas, entendiendo que la mejor forma de conservar la semilla es manteniéndola circulando, sembrándose y multiplicándose en las chacras.
Mejoramiento genético: ¿cómo y quiénes lo hacen?
- Hace poco dijo, en una nota, que “si bien la región cuenta con una vasta trayectoria en el manejo y conservación de semillas, el desafío actual es profundizar los procesos de mejoramiento genético para potenciar la resiliencia, el rendimiento y la adaptación climática de los cultivos”. La pregunta es: ¿Cómo se profundiza el mejoramiento genético? ¿Lo hace el INTA? ¿Lo puede hacer el agricultor?
Por un lado, el INTA cuenta con programas históricos instalados en el territorio para obtener germoplasma de alta productividad, calidad diferenciada y buen comportamiento sanitario adaptado a los sistemas productivos argentinos. Hoy, ante el cambio climático y la frecuencia de eventos extremos (sequías, nuevas plagas y enfermedades), la institución busca generar conocimiento y germoplasma con caracteres defensivos, combinando métodos tradicionales y herramientas biotecnológicas.
Por otro lado, el agricultor ha sido el mejorador genético histórico por excelencia: a través de la observación y un ojo entrenado, ha seleccionado campaña tras campaña las plantas con mejor aptitud. El verdadero salto cualitativo se da mediante el Mejoramiento Genético Participativo. Espacios como el Proyecto Raíces plantean, justamente, trabajar directamente en las chacras con semillas locales. No se trata de imponer un paquete tecnológico, sino de propiciar un diálogo horizontal de saberes donde la ciencia potencia la resiliencia y los usos culturales de los pequeños productores.
Foto: Tierra Viva (en portada) y Proyecto Raíces.