Un estudio internacional reveló que los bosques con mayor diversidad de especies arbóreas almacenan más carbono, regulan el ciclo hidrológico y protegen con más eficacia el suelo. La clave es el dosel forestal, ya que una mayor variedad de plantas genera estructuras más complejas que potencian los servicios ecológicos.
La investigación fue realizada por un equipo de científicos de 15 países (China, Estados Unidos, Canadá, Países Bajos, República Checa, Alemania, Francia, Portugal, Italia, Rusia, Suiza, España, Australia, Polonia y la Argentina) sobre 846 cuencas hidrográficas, en distintos continentes. Se titula “La multifuncionalidad ecológica de las cuencas hidrográficas aumenta con la riqueza de especies arbóreas”, publicado el 27 de junio pasado en Nature Communications.
El científico argentino presente es Pablo Peri, quien es investigador del Conicet en la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA) y coordinador nacional del programa forestal del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), en Río Gallegos, Santa Cruz, en Argentina.
El estudio
El objetivo fue determinar si la diversidad de árboles mejo la capacidad de una cuenca para cumplir varias funciones ecológicas al mismo tiempo, lo que se conocer como multifuncionalidad.
“Multifuncionalidad es la capacidad de un bosque para cumplir varias funciones ecológicas al mismo tiempo: guardar carbono, regular el agua, proteger el suelo y sostener la vida silvestre, todo a la vez y sin que una tarea le quite lugar a la otra”, explicó el doctor Peri al diario Infobae.
También se preguntaron si ese efecto cambia según el tamaño de la cuenca o el clima de la región.
Para responderlo, cruzaron datos de más de 777.000 parcelas forestales permanentes en 44 países, que fueron obtenidos de la Iniciativa Mundial de Biodiversidad Forestal (GFBI, por sus siglas en inglés).
A eso sumaron registros hidrológicos del Archivo Mundial de Índices y Metadatos de Caudales (GSIM) y datos satelitales de temperatura, precipitación, tipo de suelo y topografía.
Con esa base, evaluaron 11 funciones ecológicas distintas en cada cuenca: captura de carbono, almacenamiento de biomasa, suministro de agua, regulación de caudales y retención del suelo, entre otras.
Resultados
Los resultados mostraron que cuantas más especies de árboles tiene una cuenca, cada bosque funciona mejor: almacena más carbono, regula mejor el agua y protege más el suelo. Ese vínculo se sostuvo en todos los métodos de cálculo que los investigadores usaron, lo que le da solidez al hallazgo.
Ese efecto es más notable en cuencas grandes y en climas húmedos. En zonas áridas o secas, tener muchas especies de árboles dejó de ser una ventaja y mostró incluso una relación negativa con el rendimiento del bosque.
Diversidad, la clave
El estudio encontró que los bosques con más especies tienden a tener un dosel más denso y complejo, y que ese dosel más tupido es el que mejora el almacenamiento de carbono y otras funciones que la diversidad de especies por sí sola no alcanza a sostener.
La investigación concluyó que las estrategias de conservación deberían dejar de enfocarse solo en parcelas aisladas y pasar a proteger la biodiversidad a escala de cuenca.
“Los resultados sugieren que mantener o aumentar la diversidad de árboles mejora los servicios ecológicos de las cuencas, especialmente la regulación del agua, y que las estrategias de conservación deberían operar a escala de cuenca y adaptarse a las condiciones climáticas locales”, afirmó Peri.
Los investigadores también advirtieron que los datos del estudio provienen principalmente del este de Estados Unidos, Europa y Japón, y que hacen falta más investigaciones en regiones como América del Sur o África para confirmar si los resultados se repiten en esos territorios.