Desde pinos hasta plantas ornamentales, las especies introducidas fuera de su hábitat natural pueden propagarse rápidamente y causar graves impactos en los ecosistemas. En el sur de Brasil, cerca de la frontera con la provincia argentina de Misiones, el Instituto Hórus de Desenvolvimento e Conservação Ambiental gestiona la Base de Datos Nacional de Especies Exóticas Invasoras, la referencia más completa sobre el tema en el país desde 2004.
Actualmente, este registro alberga 552 especies, entre plantas, animales y microorganismos (de las cuales 268 son animales y 208 corresponden a plantas y algas). Aunque la información es catalogada y revisada por científicos, cualquier ciudadano puede reportar posibles especies invasoras.
El objetivo del instituto es mapear, controlar y erradicar estas especies, además de promover la restauración de la vegetación nativa. En Florianópolis, por ejemplo, voluntarios y residentes de la playa Daniela participan activamente en la extracción de plantas invasoras para reemplazarlas por autóctonas, en un esfuerzo respaldado por instituciones como Floram, ICMBio y la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC).
Muchas de estas especies poseen un alto valor económico y fueron introducidas para sectores como la industria, la ganadería, la silvicultura y la acuicultura; otras llegaron mediante el comercio ilegal de mascotas, el mercado ornamental o, simplemente, de manera accidental. Un caso emblemático es el de los pinos (Pinus spp.): originarios de América del Norte, representan una de las mayores amenazas ecológicas en Brasil al dispersarse con facilidad, consumir grandes volúmenes de agua, alterar los suelos y desplazar a la vegetación nativa al privarla de luz.
Los costos de este fenómeno no son solo ecológicos, sino también económicos. Según la Plataforma Brasileña de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (BPBES), un grupo de apenas 16 de estos invasores generó pérdidas por 105.000 millones de dólares a la economía brasileña entre 1984 y 2019 -un promedio de 3.000 millones de dólares anuales- afectando a la agricultura, la explotación forestal y la salud pública.
A pesar de que la proliferación de especies invasoras es una de las cinco causas principales de la pérdida de biodiversidad en el país, el problema suele recibir menos atención que el cambio climático, la contaminación o la pérdida de hábitats. No obstante, las proyecciones indican que las invasiones Biológicas aumentarán entre un 20 % y un 30 % para finales de siglo.
Ni siquiera las áreas protegidas escapan a esta crisis: cerca del 30 % de las Unidades de Conservación de Brasil registran presencia de invasores, concentrándose la mayor parte en la Mata Atlántica. “Ningún lugar es inmune, pero las áreas degradadas, las zonas de alta circulación humana, los cultivos, los embalses, puertos y canales albergan muchas más especies introducidas que las áreas conservadas”, explica la bióloga Andrea Junqueira, de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ).
¿Qué se está haciendo al respecto?
Muchas especies invasoras están profundamente integradas en la vida cotidiana: plantas ornamentales en jardines, árboles urbanos como las acacias australianas (Acacia mangium y A. auriculiformis) y la yaca (Artocarpus heterophyllus), o peces de consumo masivo como la tilapia y el tucunaré (Cichla ocellaris), que al escapar de los criaderos dominan los ecosistemas acuáticos locales.
Frente a esto, una de las estrategias clave es ofrecer alternativas viables a los sectores productivos. En febrero se lanzó la guía ilustrada AlterNativas, orientada a paisajistas y profesionales para identificar 37 plantas exóticas del litoral de Santa Catarina y sustituirlas por 93 especies nativas. En una línea similar, la botánica Daniela Zappi (UnB) elaboró un catálogo de 49 árboles nativos de la Amazonia para el arbolado urbano, en reemplazo de exóticas comunes como el mango (Mangifera indica) o el maculis (Tabebuia rosea).
Asimismo, científicos y organizaciones continúan elaborando resúmenes de evidencia científica dirigidos a los tomadores de decisiones para impulsar políticas públicas más efectivas.
Fuentes: Forestal Brasil / Plataforma Brasileña de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos / Revista Pesquisa Fapesp.