El observatorio europeo Copernicus y el instituto estadounidense Berkeley Earth coincidieron en que la temperatura media global lleva al menos tres años consecutivos en valores nunca antes observados desde que existen registros. Es decir, el 2025 se ubicó como el tercer año más cálido jamás registrado a nivel mundial, y según advierten, el 2026 podría mantenerse en niveles históricamente elevados.
Por primera vez, la temperatura media global de los últimos tres años superó el umbral de 1,5 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales, una referencia clave establecida por la comunidad científica y por los acuerdos internacionales como el Acuerdo de París. Ese límite es considerado un punto crítico, ya que superarlo de manera sostenida aumenta los riesgos de eventos climáticos extremos y daños irreversibles en los ecosistemas.
En términos concretos, 2025 registró una temperatura media mundial de 14,97 °C, lo que representa 0,59 °C por encima del promedio del período 1991-2020. El año quedó apenas 0,01 °C por debajo de 2023 y 0,13 °C por debajo de 2024, que se mantiene como el año más cálido desde que se tienen mediciones a escala global.
Los datos fueron elaborados por el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (CEPMPM), responsable de los Servicios de Cambio Climático (C3S) y de Vigilancia Atmosférica (CAMS) de Copernicus, que brindan información científica a la Comisión Europea. Los expertos destacan que la persistencia de temperaturas tan elevadas confirma que el calentamiento global ya no es una proyección futura, sino una realidad instalada.
De cara a 2026, los modelos climáticos anticipan que el planeta seguirá registrando valores excepcionalmente altos. El impacto de este escenario ya se hace sentir en distintas regiones del mundo, con olas de calor más frecuentes y prolongadas, sequías severas, incendios forestales de gran magnitud, lluvias extremas e inundaciones repentinas.
El aumento sostenido de la temperatura global acelera el derretimiento de glaciares y capas de hielo, eleva el nivel del mar y pone en riesgo a millones de personas que viven en zonas costeras.