La guerra en Medio Oriente, iniciada por Estados Unidos contra Irán, está provocando una crisis ecológica de magnitud. Los bombardeos a pozos petrolíferos, incendios en refinerías, humo tóxico, metales pesados y toneladas de petróleo ardiendo, dañan el ambiente, afectando el aire, el suelo y el agua a nivel regional, y agravan la crisis climática.
Los bombardeos se han concentrado contra bases militares donde guardan misiles y contra industrias productoras de petróleo y gas. Las explosiones liberan componentes tóxicos perjudiciales para el ambiente.
Nubes de humo negro tóxico cubrieron a Teherán el domingo 8 de marzo cuando Israel bombardeó instalaciones petroleras. Esto fue analizado por Doug Weir, el director de Ceobs, una organización británica dedicada a investigar los impactos ambientales de las guerras, en una entrevista concedida a France 24. “Tuvimos una ciudad de nueve millones de personas potencialmente expuesta al humo de los incendios; a una mezcla de carbono negro, productos de hidrocarburos, hidrocarburos aromáticos policíclicos, furanos, dioxinas y algunos metales. Las personas inhalaron una mezcla de los productos de combustión de estos incendios, además de materiales de construcción pulverizados, residuos de municiones y material que ha sido arrastrado a la atmósfera”, explicó Weir.
Algunos de esos contaminantes, indicó Weir, “podrían penetrar en el suelo y luego en el acuífero que se encuentra debajo de Teherán. Y Teherán ya sufre escasez de agua, por lo que es necesario proteger los acuíferos”.
La otra cara de la contaminación, advierten, ocurre en los océanos. “Hasta el 11 de marzo, Estados Unidos había bombardeado 60 navíos iraníes, según el Comando Central“.
El portal https://n.com.do/ fue más contundente: “La guerra en Irán amenaza con una ‘bomba ecológica’ en el golfo Pérsico“, titula este 14 de marzo. “En una región que ya sufre condiciones climáticas extremas, la situación ha sido descrita por especialistas como una auténtica “bomba de relojería ecológica”, advierte en un artículo que hace referencia a los episodios del 8 de marzo, cuando una nube tóxica cubrió la capital iraní, Teherán. “Investigadores advierten que estos ataques a infraestructuras energéticas pueden dejar daños que duren años. La contaminación no solo queda en el aire, sino que también llega al suelo, al agua y a los cultivos. Los residuos tóxicos pueden acumularse en carreteras, tejados y terrenos agrícolas, y cuando el viento levanta polvo, esas sustancias pueden volver a dispersarse y afectar nuevamente a la población“, explica.
Un punto crítico del conflicto es el Estrecho de Ormuz, por donde pasan barcos con cerca del 20 % del petróleo y el gas que se transporta en el mundo. “Si estos buques sufre un ataque o un accidente, podría producirse un gran derrame de petróleo que dañaría gravemente los ecosistemas marinos del golfo”, dicen.
Finalmente, se hace notar que “los especialistas también recuerdan que las guerras dejan una huella ambiental que muchas veces pasa desapercibida. Los ejércitos consumen grandes cantidades de combustible y generan emisiones que contribuyen al cambio climático. Sin embargo, estas emisiones casi nunca se reportan de forma clara en los acuerdos internacionales, por lo que el impacto real de los conflictos armados en el clima mundial sigue siendo difícil de medir“.
Repasando, se pueden evidenciar hasta el momento los siguientes daños ambientales:
-Contaminación atmosférica y lluvia tóxica: Los bombardeos contra depósitos de combustible y refinerías en lugares como Teherán han liberado densas nubes de humo tóxico. Expertos de la ONU han advertido sobre la formación de “lluvia negra” y nubes de gases que amenazan la salud de millones de personas y pueden desplazarse largas distancias.
-Derrame de hidrocarburos: Se han reportado vertidos masivos de petróleo que contaminan desagües pluviales y amenazan con alcanzar fuentes de agua potable y tierras agrícolas. En el Golfo Pérsico, existe el riesgo de una “bomba ecológica” debido a posibles daños en la infraestructura petrolera del Estrecho de Ormuz.
-Ecocidio en Gaza: La acumulación de escombros (estimada en 39 millones de toneladas hacia mediados de 2024) y el uso de municiones con metales pesados han dejado el suelo de Gaza convertido en residuos contaminados. La destrucción de sistemas de saneamiento ha provocado el vertido de aguas residuales sin tratar al mar y a los acuíferos.
-Huella de carbono masiva: Las emisiones de gases de efecto invernadero derivadas directamente de los combates en la región superan las emisiones anuales de decenas de países pequeños.
Fuentes: France 24 / https://n.com.do/