¿Puede la naturaleza aumentar el bienestar de las personas? Sí, el contacto con el bosque tiene efectos positivos en la salud cardiovascular y mental. Esto que lo sabemos intuitivamente, especialmente quienes vivimos en centros urbanos, fue corroborado por la ciencia y es parte de un artículo muy interesante publicado en la Revista Brasileña de Ecoturismo, que refleja las conclusiones de un estudio realizado por investigadores de la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz (Esalq) de la Universidad de San Pablo, Brasil.
Los investigadores de la Esalq “revisaron diversos estudios para responder a la pregunta: ¿Puede la observación de la naturaleza aumentar el bienestar de las personas?, recopilando artículos científicos de diversas partes del mundo“, y comprobaron “los beneficios de la observación de la naturaleza para la salud mental y física, un resultado que también puede contribuir a la creación de nuevas oportunidades y políticas en el sector del ecoturismo“, se lee en la Revista.
Si bien en la práctica estos efectos se perciben, la evidencia científica refuerza notablemente el destino turístico Misiones, otorgando mayor importancia especialmente a aquellos emprendimientos ubicados en la zona rural cercana a áreas protegidas, que tienen actividades que promueven el contacto directo con la naturaleza, como los que se multiplican en las inmediaciones del Parque Cuñá Pirú y del Parque Salto Encantado, en Ruiz de Montoya, Garuhapé y Aristóbulo del Valle; del Parque Provincial Urugua í y del Parque Iguazú, en Andresito; en la zona de Paraíso, en la Reserva de Biósfera Yabotí, próximo al Parque Cruce Caballero y al Parque Piñalito, en las localidades de El Soberbio y San Pedro; en la Ruta Costera 2, en la región Campo Ramón, Oberá y Santa Ana, entre muchos otros. Por supuesto, un elemento central que enriquece este eje para atraer visitantes, son las comunidades originarias, algunas de las cuales ya están organizadas y trabajan en ese sentido, como en Puerto Iguazú y Aristóbulo del Valle (Sendero Yvytu Porá), compartiendo su cultura y en ese marco, el vínculo intrínseco con la Selva Paranaense.
La investigación de Esalq también contempla los aumentos significativos de problemas de salud mental y física, “especialmente entre las personas que viven en grandes centros urbanos“, afirma Teresa Magro, profesora de Ingeniería Forestal de Esalq, y señala en ese sentido que “la falta de contacto con la naturaleza es uno de los factores que contribuyen al escenario de deterioro de la salud pública”.
La investigación
Para la investigación, la selección de artículos se realizó utilizando una base de datos con 211 estudios sobre áreas verdes y bienestar humano. Sin embargo, según Gabrielle Nunes, estudiante de doctorado en Ecología Aplicada del Departamento de Ciencias Forestales de la Esalq, solo se incluyeron aquellos que involucran interacciones entre las personas y el ambiente mediante la observación o actividades relacionadas, como caminar. La restricción también se aplicó a los artículos que necesariamente abordan entornos de parques, bosques, espacios verdes urbanos y áreas de alta biodiversidad.
El análisis reveló que el 94% de los estudios reportaron efectos positivos del contacto con la naturaleza, abarcando 12 efectos psicológicos positivos y 5 efectos fisiológicos. Solo el 8,95% de los estudios reportaron efectos neutrales, y no se observaron efectos negativos.
“La evidencia sugiere que desarrollar experiencias turísticas basadas en estos beneficios podría aumentar el atractivo de los destinos”, destacan.
Para comprender los verdaderos beneficios para la salud de interactuar con la naturaleza, la principal clasificación utilizada fue la división de actividades en observaciones pasivas y activas. Gabrielle explica que la observación pasiva consiste en ser consciente de la presencia de un área verde, pero sin que esta sea el foco de atención. «Si estoy caminando por un área verde, escuchando música, obviamente el entorno externo me afecta. Sin embargo, aunque lo veo, no presto atención a características o aspectos específicos de ese entorno».
La observación activa, por otro lado, se asocia con centrar la atención en la biodiversidad y percibir intencionalmente el entorno. Un ejemplo citado por la investigadora es la observación de aves, una de las formas más comunes de observación de la naturaleza en el mundo. A pesar de las diferencias entre ambas interacciones, Gabrielle afirma que «ambas tienen un efecto en nuestro cuerpo».
El análisis de los artículos reveló que “la gran mayoría (94,03 %) reporta resultados positivos del contacto con la naturaleza. Entre los efectos psicológicos encontrados se encuentran la reducción de la ansiedad, el estrés y la irritabilidad, mientras que entre los efectos fisiológicos se destacan las mejoras en la salud cardiovascular. Otro aspecto mencionado con frecuencia en los estudios fueron los efectos restauradores que pueden proporcionar los espacios verdes, como la recuperación de la fatiga mental y la mejora del estado de ánimo“.
Además, más allá de estas conclusiones, “algunos estudios sugieren que la conexión con el entorno podría influir en otras condiciones menos investigadas. Estas incluyen una mayor empatía y espiritualidad a través de las interacciones sociales en estos entornos, así como mejoras en la cognición y la concentración tras el contacto con la naturaleza“.
Fuente: texto de Fernanda Zibordi en Jornal USP / Info Verde Sustentabilidad
Más datos: gabinunes.bio@usp.br, con Gabrielle Nunes, y teresa.magro@usp.br, con Teresa Magro.