Ubicado en la zona rural de São Joaquim, el ejemplar de araucaria más grande de Brasil -y considerado también el más imponente del mundo- mide aproximadamente 39,2 metros de altura, cuenta con un diámetro de 3,25 metros y se estima que tiene entre 600 y 900 años. Para rodear completamente su tronco harían falta nueve personas adultas.

Conocido como el Pino de São Joaquim, este coloso de la Mata Atlántica sigue produciendo piñones a pesar de haber presenciado siglos de transformaciones en el paisaje. Una profunda grieta en su tronco evidencia su avanzada edad. El árbol se encuentra en una propiedad privada de la localidad de Pericó, a unos seis kilómetros del distrito homónimo.
São Joaquim está ubicado en el estado de Santa Catarina (en la región Sur de Brasil), en la zona conocida como la Serra Catarinense. Se encuentra a 81 km de Lages, a 136 km de Tubarão y a 227 km de Florianópolis (la capital del estado).

La araucaria (Araucaria angustifolia), también llamada pino Paraná, es una especie amenazada de extinción que enfrenta graves dificultades para recuperar sus poblaciones naturales.
Es uno de los emblemas del bosque ombrófilo mixto, una formación integrada en el bioma de la Mata Atlántica. Su presencia se concentra en los estados del sur de Brasil, aunque también se extiende por zonas de mayor altitud en São Paulo, Minas Gerais y Río de Janeiro, así como en el norte de la provincia de Misiones (Argentina) y en parte de Paraguay.
Un pasado de explotación y fragmentación
La tala indiscriminada fue el principal factor que diezmó los bosques de araucarias, especialmente durante el ciclo económico que cobró fuerza a principios del siglo XX y se prolongó hasta la década de 1970. Su madera, de alto valor comercial, abasteció tanto el mercado interno como el de exportación. Tras la deforestación, gran parte de las superficies fueron destinadas a otros usos, lo que bloqueó la regeneración forestal.
Cuando los árboles quedan aislados en pequeños fragmentos, su reproducción natural se obstaculiza severamente. Asimismo, la reducción del número de individuos compromete la diversidad genética, disminuye su capacidad de adaptación ante los cambios ambientales y eleva el riesgo de desaparición local.
Un estudio publicado en 2024 sobre la vegetación natural de las mesetas del sur brasileño confirmó pérdidas drásticas: entre 1985 y 2018 desapareció aproximadamente el 24,1% de los bosques naturales de la región analizada, impulsado principalmente por la expansión agrícola, las pasturas y las plantaciones forestales.
El piñón: motor del bosque y sustento comunitario
La relevancia de la araucaria trasciende su valor botánico, pues sostiene una compleja red de vida a su alrededor. El piñón, una semilla de consumo masivo en el sur del país, alimenta a la fauna local y constituye una fuente vital de ingresos para la agricultura familiar.

El arrendajo azul (gralha-azul), por ejemplo, desempeña un papel clave en la dispersión de la especie al transportar y enterrar semillas que luego germinan en distintos rincones del paisaje. Loros y roedores, como los agutíes, también participan de este entramado ecológico. No obstante, la recolección humana debe realizarse con equilibrio, garantizando que suficientes semillas queden disponibles para la fauna y la regeneración del bosque.
El consumo de piñones posee profundas raíces ancestrales. Investigaciones arqueológicas y genéticas revelan que los pueblos indígenas moldearon la distribución histórica de la araucaria al consumir y trasladar sus semillas por el territorio. Un estudio publicado en enero de 2026 identificó indicios de flujo genético entre poblaciones distantes, lo que ratifica la dispersión impulsada por las comunidades humanas a lo largo de milenios.

Protección legal
En Brasil, la araucaria cuenta con estatus de protección ambiental y está catalogada oficialmente como especie en peligro de extinción. Su grado de amenaza varía según el ámbito: a nivel federal se encuentra en peligro, mientras que en el estado de Santa Catarina se le otorga la categoría de peligro crítico. Esto implica que su tala está estrictamente regulada y cualquier intervención requiere de marcos legales rigurosos y análisis técnicos especializados.
En Misiones, está declarada como Monumento Natural Provincial, lo que otorga el máximo nivel de resguardo a la especie. Por medio de la Ley XVI – Nº 19 (antes Ley 2380), se declaran inviolables y se prohíbe en forma absoluta su tala, comercialización y la destrucción de ejemplares nativos. Para resguardar su hábitat, se han creado los parques provinciales Cruce Caballero, de la Araucaria y Caa Yarí.
Fotos: Ana Taemi / Paulo Jubilut / SCC / SBT
Fuente: Sul in foco. / Gazeta do Povo.