El reconocido ornitólogo, fotógrafo y conservacionista Emilio White invitó a reflexionar sobre por qué las aguas de la región “bajan turbias” cada vez que llueve con intensidad. Su planteo dejó al descubierto la grave fragmentación del Corredor Verde y planteó el desafío urgente de recomponer el monte, una tarea que trasciende fronteras geográficas.
Sin proponérselo y lejos de buscar la polémica, White abrió una caja de Pandora sobre un problema crítico, latente y en “terapia intensiva”: cada vez que llueve, los ríos Iguazú, Paraná y Uruguay se tiñen de rojo intenso.
Las “lluviaradas” en Brasil, Paraguay y en Misiones (más intensas y frecuentes ahora con el fenómeno El Niño), impactan de lleno en el suelo desnudo, donde antes había Selva, y arrastran sin pausa miles de toneladas de tierra. Claramente, donde todavía queda Mata Atlántica, el desmonte continúa. El impacto es devastador en múltiples frentes. Se traduce en daño ecológico (menor biodiversidad; acelera el calentamiento global y, a la vez, reduce la capacidad para soportarlo), agrario (pérdida de suelo), indígena (territorio cada vez más acotado), turístico (eliminación de recursos genuinos, autóctonos, y de atractivos), social (agrava inundaciones), económico… Ocurre hace años y pese a que diversas organizaciones locales e internacionales lo advierte públicamente y con documentos entregados al Gobierno provincial, no se ha actuado con la firmeza necesaria.

Advertencia en redes sociales
A través de su cuenta de Instagram, White volvió a poner en agenda un tema incómodo pero vital para la provincia, que requiere un abordaje integral por parte del Estado.
Bajo el título “Hacer volver la Selva. Lo que nos dicen las crecidas del Iguazú”, el conservacionista, autor del libro “Iguazú, antigua región del Guayrá”, inició su reflexión recordando un principio básico del ecosistema:
“Las grandes lluvias y crecidas existieron siempre, con o sin selva. La diferencia radica en cómo responde el paisaje frente a estos eventos. La selva funciona como una enorme esponja: retiene el agua, la infiltra en el suelo y la libera gradualmente hacia arroyos y ríos. Sin ella, el agua escurre rápido y arrastra toneladas de tierra. Ese color rojo es literalmente suelo que se pierde, y buena parte proviene de una cuenca profundamente transformada”, explicó.

La deuda histórica con la Ley del Corredor Verde
Misiones fue pionera en materia ambiental. En 1999 aprobó la Ley del Corredor Verde para garantizar la conectividad de un millón de hectáreas entre áreas urbanas, agrícolas y parques, evitando la erosión y la pérdida de biodiversidad. En aquel entonces, la región albergaba el último corredor continuo de Selva Paranaense en el mundo. Sin embargo, el incumplimiento de la norma y el avance de la deforestación redujeron ese hito a la mínima expresión.
Ante esta realidad, White propone priorizar la restauración de áreas clave, como las franjas que unen parques nacionales y las riberas de los cursos de agua:
“La selva es uno de los ecosistemas más amenazados del planeta. Fuera de las áreas protegidas, solo quedan pequeños fragmentos en una enorme matriz productiva. Creo que ya no alcanza con conservar lo poco que queda: tenemos que empezar a hacer volver la selva. Restaurar cuencas, recuperar nacientes y márgenes de arroyos, reconectar fragmentos y crear corredores”, sostuvo.

Producción y conservación: un equilibrio necesario
White enfatizó que la propuesta no busca paralizar la economía, sino integrarla con el entorno:
“Esto no significa que todo vuelva a ser selva; la producción debe continuar. El desafío es lograr un paisaje equilibrado donde producción y naturaleza convivan sin la desproporción actual. No se trata de elegir entre selva o producción, sino de recuperar el equilibrio perdido”, aclaró. Un ecosistema saludable ofrece cuencas sanas, mejores suelos y mayor resiliencia ante eventos climáticos extremos.

Un mensaje que suma adhesiones
La publicación generó un fuerte respaldo de la comunidad, así como de productores y emprendedores que destinarán hectáreas a la conservación y a la creación de corredores biológicos.
Entre las adhesiones se destacó la del fotógrafo de naturaleza Sergio Moya, quien expresó: “Me sumo al sueño de volver a conectar la selva entrelazada con la producción. ¡Así debe ser! Las pequeñas reservas entre vecinos hacen un enorme aporte al crear corredores de biodiversidad”.
La reflexión trasciende la coyuntura y apela al futuro: “Además de proteger la selva que nos queda, la gran tarea de nuestra generación es sentar las bases para que las próximas puedan hacerla volver”.
El llamado está hecho. Ahora se requiere una acción concreta e integral que sume al Gobierno junto a las organizaciones sociales, agrarias, indígenas y ambientales para hacer realidad la restauración de la Selva Paranaense.