El Inglés de la Selva, una historia de amor que legó un Parque a Misiones

¡Un inglés quiere salva la selva misionera!“. Con ese título se difundió la noticia, el 26 de marzo de 1997, a través de El Territorio, sobre la intensión del inglés Terry Moore de comprar monte en Misiones para destinarlo a área protegida, lo que finalmente ocurrió y hoy es el Parque Provincial Piñalito.

Terry Moore, filántropo y médico homeópata de 52 años entonces, “eligió Misiones por casualidad y cuando la conoció, se enamoró y lloró. Como prueba de ese amor, hipotecó su única casa y solicitó la colaboración pública para poder comprar casi cuatro mil hectáreas de monte en Piñalito Sur. Ahora quiere que esas tierras sean declaradas Parque Provincial. Y, cómo si se tratara de una leyenda, los lugareños prefieren identificarlo como El Inglés de la Selva”, se explica en la introducción de la nota publicada ese día.

La historia comenzó en 1991 en un encuentro casual entre Terry Moore y el ambientalista argentino Adrián Roldán, durante una jornada para cuidar los bosques del mundo que se realizó en Inglaterra. Ese día, el inglés le hizo saber a éste sobre la intensión de adquirir tierras en América del Sur para conservar el hábitat de los felinos y la biodiversidad. Tras conocer detalles de la Selva Paranaense en Misiones y con la mediación de Roldán, se contactó con la firma maderera Oviedo SA, propietaria de miles de hectáreas en Pañalito Sur, en el noreste del Departamento San Pedro. El paso siguiente fue solicitar el respaldo de la Fundación Vida Silvestre Argentina para relevar el lugar y en esta instancia desempeñó un papel central la señora Daphne Cooper de Colcombet, incansable defensora de la Selva, quien acompañó todo el proceso, recorriendo el territorio, brindando información, haciendo de nexo entre el visitante y los anfitriones. En paralelo, el inglés inició en Londres una campaña con las organizaciones Mission Rainforest Project y The Cat Survival Trust para reunir fondos. Luego, con el dinero en manos (300.000 libras esterlinas, o su equivalente: medio millón de dólares), llegó a Misiones en 1992, visitó el monte, donde permaneció una semana en contacto con el ambiente y los pobladores rurales, conoció y contrató al guardaparque Abel Gerber, y efectivizó la compra de 3.796 hectáreas de monte hipotecando su única casa.

Corría el año 1997, hace 29 años, y la buena noticia se hacía notar: Terry Moore decidió donar esas tierras al Estado provincial para que sean declaradas área protegida. Pidió que tres de esas hectáreas continúen como propiedad suya y que se permita el libre acceso a quienes deseen estudiar y relevar científicamente el ambiente. El 27 de noviembre de ese año, la Legislatura sancionó la Ley Nº 3467, creando el Parque Provincial Piñalito.

A tono, Daphne Cooper de Colcombet, radicada en Eldorado, más conocida como Pamela, también compró nueve hectáreas lindantes al Parque y las cedió para que se habilite allí un puesto de control del Ministerio de Ecología. Su rol (antes, durante y después de la creación del Parque) fue fundamental para que esas tierras hoy estén bajo protección, resguardándose biodiversidad y servicios ecosistémicos. Su intervención fue destacada incluso por la web oficial de The Conservation Land Trust, al ponderar que “la exitosa preservación de Piñalito se debe en gran medida al compromiso incansable de la conservacionista y vecina del Parque, Daphne Colcombet, y a Abel Gerber, el talentoso guardaparques, quien con un modesto presupuesto ha logrado por décadas mantener el Parque bien protegido”. Tanto Daphne como Abel, elogiaron en la web, “merecen una tremenda gratitud por luchar batallas sin fin para preservar los bosques y su diversa vida silvestre”.

La huella de Terry Moore por estas latitudes fue descripta por Pamela Colcombet con mucho cariño durante su estadía en 1997. “Cuando él vino a mi casa, después de visitar Piñalito Sur, se sentó a la mesa y emocionado me dijo que se enamoró de Misiones y muy especialmente del lugar que donó porque es una región que te permite observar con mucha paz, a gran distancia, el monte verde de Misiones y del Brasil”, contó la ambientalista en aquella ocasión.

En marzo de 1997, antes de volver a su casa, en Londres, Terry Moore anunció que su objetivo era seguir comprando hectáreas para destinarlas a la conservación. En diálogo con la prensa, destacó que “es posible la conservación de la naturaleza con ganancias sin cortar los árboles“, dijo que “las tierras deben ser útiles para la gente y parta el Corredor Verde”, y en ese marco, señaló que “el ecoturismo es una actividad rentable que debe ser aplicada”.

Por eso regresó a mediados de junio de 1999 y, acompañado de Pamela Colcombet, visitó el Parque Piñalito y las localidades de Puerto Iguazú, Montecarlo y Santo Pipó; se reunió con el ministro de Ecología, Luis Rey, con quien profundizaron sobre el proyecto de la Ley del Corredor Verde, ampliamente elogiado por el inglés y que fue sancionado en noviembre de ese año. Luego se trasladó a Corrientes para conocer los Esteros del Iberá. A principio de diciembre de ese año estuvo nuevamente aquí y en territorio correntino. Compartió su idea de generar fondos para cuidar la Selva trabajando en el mismo Parque Piñalito con turismo, investigación a felinos y una novedosa iniciativa basada en el aporte de los ciudadanos para que, una vez muertos, sus cenizas sean arrojadas en ese espacio.

Ese diciembre de 1999 resultó intenso para el sector ambiental. Apenas sancionada la Ley Corredor Verde, el ministro de Ecología, Luis Rey, quien siendo diputado -junto al naturalista Juan Carlos Chébez- impulsó esta norma vanguardista, pensada para generar desarrollo socio económico sustentable sin destruir el monte en un millón de hectáreas en Misiones, fue reemplazado, por decisión del gobernador Ramón Puerta, por Miguel Ángel Alterach. Se iniciaba así una nueva etapa en la administración de los bienes naturales públicos, con una gestión como la de Alterach que se hizo conocer por respaldar la construcción de la represa Corpus, generando, por supuesto, un amplio rechazo.

Las novedades siguientes sobre el tema surgieron dos años después. En febrero de 2001 trascendió nuevamente la posibilidad de inversión extranjera para destinar tierras a la conservación. Pero en esta ocasión, el protagonista de la acción fue el empresario, filántropo y conservacionista Douglas Tompkins, y el interés estuvo focalizado en los Esteros del Iberá, donde ya venía trabajando en ese sentido desde 1997 con la organización The Conservation Land Trust, y donde finalmente donó 80.000 hectáreas que fueron declaradas, en 2018, Parque Nacional, agregándose más tarde otras miles de hectáreas.

Por su parte, el Parque Provincial Piñalito cobró relevancia institucional y mediática el año pasado, en diciembre de 2025, cuando la Fundación Vida Silvestre Argentina donó 247 hectáreas lindantes, ampliándolo a un total de 4.043 hectáreas, fortaleciendo la conectividad dentro del Corredor Verde, especialmente en la zona que va entre esta área protegida y la Reserva de Biósfera Yabotí.

Y hace pocos días, el 5 de febrero de 2026, el Ministerio de Ecología anunció una agenda anual de acciones que articula restauración ambiental, actividades recreativas y propuestas culturales, un trabajo entre el Estado y el Municipio de San Pedro, y formalizó además la afectación de fondos nacionales para la elaboración del primer plan de manejo del Parque Provincial Piñalito.

Terry Moore fue condecorado por la Cámara de Representantes de Misiones y reconocido por diversas entidades por su aporte a la conservación de la naturaleza. Quienes estuvieron cerca, cuentan que en una oportunidad, El Inglés de la Selva expresó: “si hay forma de volver a la vida después de muerto, quisiera que fuera en Misiones, pero convertido en árbol…“. Nosotros, las y los misioneros, beneficiaros directos de su contribución, podríamos decir que Terry Moore vive en cada árbol del Parque Provincial Piñalito y en miles de otros árboles que crecen con las semillas de estos, multiplicando la vida; y que sin proponerse, con su natural y espontáneo respaldo, también ha sido artífice del Corredor Verde, el paraguas protector más importante porque promueve la recuperación y conservación de los bienes naturales autóctonos y los servicios ecosistémicos esenciales para la vida de todos.