En Misiones, el principal reto para la conservación del suelo es la erosión hídrica, un fenómeno acelerado por la topografía de pendientes pronunciadas, las lluvias intensas y la pérdida de la Selva Paranaense. A esta problemática se suma el impacto del monocultivo de especies exóticas, sobre todo de pino elliottii, que provoca la acidificación, compactación y degradación del recurso.
Este 7 de julio, Día Nacional del Suelo, repasamos la situación de este bien tan importante para la producción agrícola.
El drama de la erosión hídrica: 75.000 hectáreas perdidas al año
Cerca del 63% de las tierras de Misiones presentan riesgos muy altos de erosión hídrica, mientras que solo el 5% del territorio provincial registra un riesgo bajo. Esta fragilidad responde a una combinación crítica: lluvias intensas y frecuentes, relieves accidentados y suelos descubiertos de vegetación, principalmente en áreas agrícolas y forestales.
Estos datos se desprenden de la investigación “Erosión Hídrica potencial en la Provincia de Misiones“, realizada por los ingenieros agrónomos Daniel Ligier y Héctor Polo, junto al agrónomo general Humberto Matteio (todos investigadores del INTA), basada en el Mapa Edafológico provincial.
Dato clave: Según advierte el ingeniero agrónomo Néstor Munaretto, especialista en la temática, la erosión hídrica hace desaparecer 75.000 hectáreas de suelo agrícola por año en la provincia. Esto ubica a Misiones entre las jurisdicciones con mayores tasas de erosión del país.
¿Cómo se degrada la “tierra colorada”?
El suelo misionero, característico por su origen laterítico, es arrastrado rápidamente cuando pierde su cobertura vegetal. El impacto directo de las gotas de lluvia rompe su estructura original, compacta los poros y bloquea la infiltración del agua. Con un relieve irregular, el agua no se absorbe y genera un escurrimiento superficial acelerado que lava los nutrientes.
El impacto del monocultivo de pino
El monocultivo de pino en Misiones provoca la acidificación, compactación y degradación de los suelos. La lenta descomposición de sus hojas (pinocha) forma una capa impermeable que altera el microbioma nativo, reduce drásticamente la absorción de nutrientes y agua, y acelera la erosión.
Una investigación de Carolina Paola Trentini y Paula Inés Campanello, ambas del CONICET, evidencia que el reemplazo del bosque nativo (altamente diverso) por plantaciones homogéneas de pino genera cambios drásticos en el suelo en Misiones.
La investigación fue publicada en el año 2020 en la web del Conicet. Creímos oportuno recuperar esos conocimientos hoy, Día Nacional del Suelo, dada su importancia para esta provincia que tiene la mayor población agraria de la Argentina.
El estudio indica alteración física y química. El suelo de los pinares sufre mayor compactación, aumento de temperatura, pérdida de humedad y de materia orgánica, además de una baja en nutrientes clave (nitrógeno, magnesio y potasio) y un aumento del pH.
También, señala que el suelo sufre un cambio drástico en las bacterias, ya que disminuyen los grupos que procesan nutrientes de fácil degradación (como las Proteobacterias) y aumentan los adaptados a condiciones extremas y suelos secos (como las Acidobacterias).
Instituto del Suelo: avances estratégicos en un contexto de recortes
Para enfrentar esta crisis en la provincia con la mayor población agraria de la Argentina, se creó por ley (Ley XVI N.º 115) el Instituto Misionero del Suelo (IMiS), bajo la órbita del Ministerio del Agro y la Producción. Su objetivo central es coordinar la recuperación y conservación de las tierras productivas frente a las amenazas de la erosión y los monocultivos.
Como parte de ese trabajo, el IMiS y el INTA concluyeron la Cartografía Semidetallada de Suelos del departamento Guaraní (relevando 330.000 hectáreas), una herramienta clave para planificar estratégicamente qué y dónde producir de manera sustentable.
No obstante la urgencia ambiental, los equipos técnicos enfrentan fuertes límites operativos debido a los recortes presupuestarios y de personal (despidos y retiros voluntarios). Esta situación afectó críticamente a las agencias del INTA en la provincia —como la Estación Experimental Agropecuaria de Cerro Azul—, limitando severamente su capacidad de investigación y extensión en el territorio.