La directora de Certificación Participativa de Agricultura Familiar, Viviana Sieb, informó que actualmente un total de 36 chacras ya cuentan con la Certificación Participativa Agroecológica y más de 100 unidades productivas se encuentran en proceso de transición para obtener esa distinción.
La Certificación Participativa Agroecológica, amparada por la Ley Provincial VIII N.° 68, valida que una chacra cumple con prácticas sin agroquímicos y sin transgénicos. Funciona a través del Sistema Único de Certificación Participativa (SUCP), un modelo avalado por el Estado que agrupa a productores, técnicos y consumidores para garantizar el origen de los alimentos. La Secretaría de Estado de Agricultura Familiar otorga el certificado oficial y el permiso para usar el sello de producto 100 % agroecológico.
En el territorio
El viernes pasado se realizó en San Pedro una charla sobre introducción a la Certificación Participativa Agroecológica y se entregaron certificados a productores que completaron recientemente ese proceso. “Como resultado, quedaron definidos dos grupos de trabajo: uno de ellos formalmente inscripto dentro de la Certificación, y el segundo que buscará ampliarse e incorporar a más interesados”, contó Sieb.
Las chacras que ya cuentan con la certificación y otras en transición están ubicadas en Puerto Iguazú, Puerto Libertad, Wanda, El Soberbio, Salto Encantado, Aristóbulo del Valle, Oberá, General Alvear, Guaraní, Los Helechos, Pozo Azul y San Pedro.
Un hecho reciente destacado fue la certificación agroecológica de chacras de colonos que proveen de materia prima a la Cooperativa El Colono, de Campo Ramón, que comercializa la yerba mate Grapia Milenaria.
“También tenemos posibles nuevos grupos de productores en San Vicente, Caá Yarí, Montecarlo y Garuhapé”, destacó Sieb, al tiempo que adelantó que “el próximo mes se prevé certificar chacras en Pozo Azul”.
Las certificaciones son renovadas anualmente, en un proceso participativo de técnicos y productores que se basa en la confianza, el trabajo grupal y la verificación continua de las prácticas.
“El sello garantiza que el producto es agroecológico; es una garantía tanto para el productor como para el consumidor”, dijo Sieb.
También garantiza la trazabilidad desde la chacra hasta el consumidor y permite comercializar con precios más competitivos. “Un producto no necesariamente tiene que ser más caro porque es agroecológico, sino lo contrario, porque esta forma de producir disminuye los costos ya que se busca que todos los insumos surjan de esa unidad productiva; entonces se logra un precio justo para el productor y un precio justo para el consumidor. Y que este producto sano, libre de veneno, esté disponible para toda la población”, resumió la técnica.