Las precipitaciones extraordinarias, los vientos fuertes, tornados y el desborde de arroyos ponen en jaque el trabajo diario de miles de familias agricultoras. El tabaco, la mandioca, las hortalizas y el sustento familiar enfrentan graves riesgos por el exceso de agua y los caminos intransitables.
El fenómeno climático de El Niño está golpeando con fuerza el corazón productivo de Misiones: la agricultura familiar. Durante octubre, las precipitaciones duplicaron los valores habituales: la Dirección General de Alerta Temprana registró un promedio cercano a los 448 milímetros, frente al rango histórico de entre 247 y 279 mm para este mes.
A esta situación se suman eventos extremos recientes. El 4 de noviembre, un tornado azotó la localidad de Panambí, sobre la costa del río Uruguay, causando graves daños en el área rural que incluyeron viviendas de madera totalmente destruidas y dos personas con heridas leves. Este episodio se suma al registrado el pasado 11 de septiembre, cuando un fenómeno de características similares impactó en Cruce Caballero, municipio de San Pedro.
Un golpe directo a la economía y mesa familiar
Además de daños materiales y físicos a la personas, las consecuencias del clima afectan a los cultivos más representativos de las chacras misioneras:
Tabaco y mandioca en riesgo: El exceso de humedad frena de forma crítica el crecimiento del tabaco —uno de los principales ingresos monetarios de las familias rurales—, mientras que en la mandioca, alimento básico de la mesa regional y clave para el mercado local, genera la pudrición de raíces bajo tierra. El granizo y los fuertes vientos también dañan las hojas del tabaco; hay al menos mil chacras afectadas en ese sentido.

Cultivos hortícolas y fruta golpeados: Estructuras familiares de invernaderos, cubiertas plásticas y mallas de sombreo sufrieron severos daños por el viento. Esto paraliza la producción de hortalizas de hoja (como lechuga y cebollita de verdeo) y frutos como tomate, pepino, sandía y melón.
Yerba Mate: un relevamiento llevado adelante por el Instituto Nacional de la Yerba Mate evidenció daños en 6500 hectáreas de yerba mate, entre las localidades de Campo Viera (zona centro) y Fracrán (San Pedro, norte de la provincia).
Pérdida de inversiones a corto plazo: “Las producciones más vulnerables son los cultivos anuales. Son ciclos de 90 a 100 días donde la familia agricultora invierte tiempo y recursos para obtener rentabilidad, y hoy están seriamente condicionados por el clima”, advirtió Ariel Villasanti, técnico del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Además, la alta humedad dispara la presencia de enfermedades, aumentando los costos de insumos.
Aislamiento rural y evacuación ganadera
El impacto del fenómeno trasciende los cultivos y golpea la infraestructura de la vida rural:
Caminos terrados e intransitables: El deterioro de la red vial rural por las lluvias extraordinarias impide o frena la salida de las cosechas hacia los centros de consumo, dejando a muchas familias sin la posibilidad de comercializar su producción diaria en las ferias francas o mercados locales.
Emergencia en la ganadería familiar: La crecida de los ríos Paraná y Uruguay, junto con la saturación de arroyos internos, obligó a evacuar y trasladar el ganado hacia zonas elevadas para evitar pérdidas por ahogamiento o encharcamiento prolongado.
Aunque el pico de precipitaciones se prevé para los meses de noviembre y diciembre, las proyecciones indican que el fenómeno El Niño se extenderá hasta mediados del próximo año, lo que exige estrategias sostenidas de adaptación.
Guía del INTA: Manejo preventivo en la chacra
Frente a la contingencia, especialistas del INTA elaboraron una serie de pautas prácticas orientadas a defender el trabajo en la agricultura familiar y reducir las pérdidas:
- Yerba Mate
Cobertura de suelo: Mantener cobertura vegetal (espontánea u orientada) para frenar la erosión hídrica, priorizando la vigilancia en yerbales jóvenes donde se realizó remoción reciente del suelo.
Estructura de la planta: Realizar podas que mantengan la copa abierta y ventilada para evitar la proliferación de hongos.
- Horticultura bajo cubierta y de huerta
Manejo del riego: Ajustar la frecuencia e intensidad. “Es vital revisar la humedad del suelo antes de regar para no saturar ni ahogar la raíz”, remarcó Villasanti.
Ventilación y aireación: En días sin lluvia, levantar cortinas temprano para renovar el aire en tomates, pimientos y pepinos. Realizar podas de hojas bajeras (las más viejas y cercanas al suelo) para mejorar la circulación de aire y distanciar las plantas en cultivos de hoja.
Tensión de plásticos: Revisar que los plásticos de las cubiertas estén firmes y bien tensados para garantizar un escurrimiento rápido del agua y evitar el colapso por peso acumulado.
Protección contra el viento: Promover la plantación o mantenimiento de barreras de árboles rompevientos en los perímetros de las huertas.
Monitoreo sanitario: Mantener un calendario preventivo para el control fitosanitario respetando las dosis y recomendaciones técnicas.
- Mantenimiento participativo de caminos y drenajes rurales
El ing. agrónomo Ramiro Sosa, jefe de la Agencia de Extensión Rural INTA Apóstoles, remarcó la urgencia de realizar obras preventivas de infraestructura comunitaria para proteger el tránsito de la producción:
Desobstrucción de cauces: Limpiar cunetas, alcantarillas, sangrías y pasarelas de sedimentos y restos vegetales antes de las tormentas.
Cunetas y disipadores: Restituir el perfil de las cunetas e instalar disipadores de energía para reducir la velocidad del agua y evitar zanjones.
Mantenimiento de pozos de decantación: Vaciar y acondicionar las trampas de sedimento para evitar que el barro tape los cursos de agua cercanos.
Abovedado y perfilado de caminos: Garantizar la caída del agua hacia las cunetas para evitar que la huella de circulación actúe como canal de erosión.