Integrantes de las aldeas Yryapú e Ita Poty Miri y del Frente Ciudadano Ambiental Kaãpuera plantaron un árbol nativo en cada una de estas comunidades, en Puerto Iguazú, Misiones, marcando simbólicamente un compromiso entre dos culturas y la defensa de la Selva Paranaense, siendo georeferenciados los lugares para que desde cualquier punto del mundo se pueda identificar y conocer la resistencia de un pueblo ancestral en su territorio originario. Ñamandú (Dios) y Ka’a (el Monte) con los pocos árboles gigantes
Selva Paranaense
Desde el Frente Ciudadano Ambiental Kaãpuera informaron que junto a los grupos El Joven Puede y Nativos gestionan la puesta en valor del Parque Municipal Monte Seguin, en la localidad de Puerto Rico. Se trata de un área de 300 hectáreas donde se protege Selva “ribereña” Paranaense y que a diez años de su creación carece de acciones fundamentales, como un Plan de Manejo y su reconocimiento en el Sistema de Áreas Naturales Protegidas de Misiones. Referentes de las agrupaciones
En la actualidad, sostiene Kaapuera en la nota entregada a Ecología, “el Cambio Climático, el fenómeno La Niña (presente desde hace dos años) y el retroceso en superficie boscosa de la Amazonia, el Pantanal y de la Mata Atlántica / Selva Paranaense en la región, hacen propicio un escenario con altas temperaturas, baja humedad, escasas lluvias y la multiplicación de incendios”. El movimiento ciudadano está conformado por profesionales de diferentes disciplinas y organizaciones socio agro ambientales. Por eso, advierten desde
Palo Rosa (Aspidosperma polyneuron), originario del Bosque Atlántico o Selva Paranaense.Es una especie en peligro de extinción, declarada Monumento Natural en la provincia de Misiones. Su pérdida no solo afecta la biodiversidad del ecosistema, sino también al cambio del paisaje y el encanto de la selva. Este soberbio árbol es el que alcanza mayor talla en la Selva Paranaense, con ejemplares de 42 metros de altura y 1,60 metros de diámetro.En Andresito, la familia Waidelich protege un ejemplar de la
Ong's sociales, agrarias, ambientales, sindicales, de derechos humanos y de pueblos originarios articularon un reclamo centrado en soberanía alimentaria, producción local, cuidado ambiental y derechos.