Con ideas claras, los objetivos avanzan con fuerza. La historia del sector agrario misionero no se entiende sin el pulso de las familias que, generación tras generación, transformaron el esfuerzo solitario de la chacra en organización colectiva. Entre ellas, la dinastía Petterson constituye un hilo conductor ineludible: desde los albores del sindicalismo obrero y las luchas agrarias del siglo XX hasta las rutas colmadas de tractores que, en el año 2001, dieron origen al Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM).

De Suecia a la selva: una estirpe de lucha y colonización
Las raíces de este compromiso se hunden a finales del siglo XIX. El bisabuelo, Jonas Eric Petterson, desembarcó desde Suecia en Brasil en 1891 en busca de un futuro que las promesas incumplidas del gobierno local convirtieron rápidamente en adversidad.
“Siempre digo que fuimos tres veces pioneros, tres veces inmigrantes”, reflexiona Jonas. “Mi bisabuelo vino en un grupo de 300 familias que desembarcaron en Río de Janeiro, siguieron hasta Porto Alegre y desde ahí el Gobierno los trasladó a Santa María y luego a Guarany, en Rio Grande do Sul. Allí crearon junto a sus vecinos la Sociedad Sueca de Ayuda Mutua para hacer frente al aislamiento y a las devastadoras condiciones de vida. Les habían prometido tierra, herramientas y alimentos por seis meses, pero no cumplieron. Ante el aumento de las penurias, decidieron salir de Brasil e informaron de la situación a las autoridades de su país de origen, lo que movilizó a la Embajada Sueca en Buenos Aires”.
Agobiados por la precariedad y enterados de la presencia de compatriotas en suelo misionero, aquellos inmigrantes emprendieron la travesía a pie: cruzaron el río Uruguay por San Javier y se dirigieron hacia Mecking (actual Leandro N. Alem) y Bonpland.

Instalados en Yerbal Viejo (hoy Oberá) en 1917, los Petterson -junto a otros pobladores- abrieron a machete la Picada Sueca (entre Alem y Oberá) y la Picada Finlandesa (entre Bonpland y Oberá), plantando los primeros yerbales y un secaderos barbacuá. En ese entorno, Jonas Eric se involucró de lleno en el Sindicato de Obreros Yerbateros, al que donó el terreno para su sede social, al tiempo que impulsó la Liga de Templanza contra el alcoholismo y participó activamente en la Sociedad Svea.
El Sindicato de Obreros Yerbateros de San Ignacio había sido fundado en junio de 1920 por el dirigente Eusebio Mañasco, referente vinculado a la Federación Obrera Marítima (FOM) y a la Federación Obrera Regional Argentina (FORA). Con cerca de 950 afiliados, la organización protagonizó una histórica huelga de ocho días que logró reducir la jornada laboral a 8 horas, elevar el jornal diario de entre 1,20 y 2 pesos fuertes a 4 pesos, eliminar el usurero sistema de vales de proveeduría e imponer el pago en moneda nacional con libertad de comercio.

El mandato familiar y el hito de Andresito
Aquel ADN gremial y comunitario continuó en la figura de su hijo, Nils Erik, y se expandió en las siguientes generaciones. Cuatro de sus trece hijos: Héctor, Guillermo, César y Mario, habilitaron primero un barbacuá y posteriormente un secadero a cinta en Oberá.
Años después, Héctor decidió radicarse con su familia en Comandante Andresito. “Éramos cinco en ese momento: mi hermano mayor Diego, yo con tres años y Andrés; luego nacerían Julio, Sebastián y Nélida. Fuimos parte del Plan de Colonización que regulaba el tipo y volumen de producción, fijando un cupo máximo de 20 hectáreas de yerba mate”, recuerda Jonas.
El Plan de Colonización de Andresito cobró vida con la Ley 1.074, sancionada el 22 de febrero de 1979. Su propósito central fue incorporar 70.000 hectáreas fiscales al esquema productivo y afianzar la presencia de ciudadanos argentinos en una zona de frontera estratégica.
El 11 de febrero de 1980, entre 80 y 100 pequeños agricultores recibieron un promedio de 150 hectáreas cada uno, en el marco del primer loteo coordinado por el Ministerio de Asuntos Agrarios mediante un ente autárquico a cargo del teniente coronel Homero Jáuregui.
“Jáuregui certificaba las plantaciones a medida que cumplías las etapas fijadas; recién ahí te habilitaban la siguiente, y así creció Andresito rápidamente. La madera extraída del monte era un recurso clave con el que se financiaban las nuevas plantaciones en los rozados”, detalla Jonas.
Paralelamente, los lazos familiares consolidaron un entramado político y gremial de peso: en la década de 1970, Nils tuvo un rol protagónico en el Movimiento Agrario de Misiones (MAM) y en las Ligas Agrarias del Nordeste, espacios que denunciaban cómo el modelo económico ahogaba a los pequeños productores de yerba mate, té y algodón.
El colapso de los años 90 y la gesta de 2001
A comienzos de los años 90, la desregulación y la posterior eliminación de la Comisión Reguladora de la Yerba Mate (CRYM) provocaron un desequilibrio estructural: la plantación sin control derivó en una sobreoferta masiva y en el colapso de los precios.
“En el año 2000 la situación era insostenible. En Andresito entregábamos la yerba a Brasil a cambio de mercadería y gasoil; las industrias locales solo nos abonaban la tarefa y el flete, sin plazos ni certezas para el cobro del remanente”, evoca Petterson.
La desesperación derivó en movilizaciones desde diversos puntos de la provincia hacia Posadas. Sin recursos ni vehículos adecuados, las familias colonas se organizaron: instalaron ollas populares en las rotondas, articularon apoyos con comerciantes y empresarios solidarios y emprendieron la marcha hacia la capital. Tras acampar en el eucaliptal de Garupá y ser recibidos en caravana por docentes y estudiantes, tomaron la céntrica Plaza 9 de Julio. Durante semanas de acampe a la intemperie sostenidos por la solidaridad urbana, y con el recuerdo de la antigua CRYM como referencia, los productores comenzaron a diseñar una solución de fondo.

La creación del INYM: una conquista de la base agraria
En ese marco de resistencia se encontraban la familia de Héctor Petterson y su sobrino Hugo Sand. Entre mates, asambleas y el asesoramiento de técnicos y legisladores, cobró forma el proyecto de ley para la creación de un nuevo organismo regulador.
Al calor de la lucha también nació la Asociación de Productores Agropecuarios de Misiones (APAM), conducida por Sand, uno de los referentes más coherentes y respetados del sector. A la par, comenzó a afirmarse el liderazgo de la nueva generación de los Petterson -Jonas, Diego y Julio-, bisnietos de aquel pionero que respaldó las luchas de Mañasco.


Tras arduas negociaciones y sucesivos tractorazos en el contexto de la crisis nacional que desembocó en la presidencia de Eduardo Duhalde, el 21 de febrero de 2002 se sancionó la Ley 25.564 de creación del INYM, reglamentada en julio del mismo año. Por primera vez en la historia reciente, los productores lograban sentarse en una mesa institucional para fijar el valor de la materia prima.
Jonas rescata además el rol decisivo de las mujeres rurales —entre ellas su madre, Celia—, quienes mantuvieron en pie los hogares de la chacra y participaron activamente en las comisiones de negociación tanto en Posadas como en Buenos Aires.
Durante más de dos décadas, la APAM contribuyó a consolidar la agenda agraria provincial, sumando temas clave como la agroecología y la preservación ambiental. En el plano institucional y político, Julio llegó a desempeñarse como diputado provincial y preside la Asociación Civil de Productores Yerbateros del Norte, mientras que Jonas asumió como director del INYM en 2020.
Los pilares para la sostenibilidad del sector
Al incorporarse al directorio del INYM, Jonas Petterson trasladó la experiencia acumulada en la lucha gremial hacia la gestión pública, guiado por los principios aprendidos en la tierra:
- Previsibilidad y equilibrio: Regular la oferta y la demanda con datos precisos para evitar los ciclos destructivos de sobreproducción o escasez, garantizando un precio justo para el productor.
- Conservación del suelo y del entorno: Promover el manejo agroecológico, la protección de la capuera y el resguardo de la biodiversidad frente al uso intensivo de insumos químicos.
- Dignificación del tarefero: Reconocer al cosechador como un actor fundamental del circuito productivo, garantizando mejoras en sus condiciones laborales y cobertura social.
El desafío presente: la defensa del precio justo
La desregulación del mercado yerbatero dispuesta a fines de 2023 volvió a eliminar las facultades del INYM para fijar precios de referencia, reabriendo una etapa de incertidumbre para la producción primaria. Frente a este escenario, la familia Petterson ratifica su compromiso histórico con la organización colectiva y la defensa de las instituciones reguladoras.

Desde las sendas abiertas a machete en la selva hasta las rutas tomadas por los tractores, la trayectoria de los Petterson sintetiza la persistencia de un sector agrario que entiende que la sustentabilidad de la yerba mate solo es viable con arraigo territorial, equidad en la cadena de valor y equilibrio ambiental.