Misiones en 2026: menos bosque, menos agua y el desafío de recuperar servicios ecosistémicos

En Misiones enfrentamos quizás uno de los problemas más importantes de este tiempo: la falta de agua en cantidad y calidad. Un problema que comenzó a evidenciarse hace ya algunos años, y que tiende a profundizarse. Esto está directamente vinculado con la situación del monte, también en cantidad y calidad, en el territorio provincial y en la región (Paraguay y Brasil). La realidad es elocuente y los datos muy concretos: En el primer trimestre de este 2026 hubo un déficit de precipitaciones que se posicionó entre los más bajos en casi 60 años y el calor marcó un récord histórico de 40,5 grados. A la par, los registros indican que las lluvias son menos frecuentes en zonas que han sufrido deforestación.

“Desde 1967 hasta ahora hubieron varias sequías, algunas sobresalieron por la intensidad, como en 1978 / 1979; otras por lo extensas, como la del 2019 al 2023, y otras por récord comparando trimestres de verano”, informó, a inicios del presente mes de abril, José Olinuck, con destacada trayectoria (47 años) en el servicio agrometeorológico del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en Cerro Azul, Misiones.

Puntualmente, entre las más intensas para el trimestre enero – marzo, “fueron las de 2004 y la de ahora 2026”, resumió. “Cuando analizamos los datos desde el año 1967, observamos que en una sola ocasión, en casi 60 años, hubo una cantidad de lluvia inferior al trimestre actual, que fue en el 2004”, agregó. Entre enero y marzo de 2026 “llovieron apenas 205 milímetros, muy por debajo del promedio histórico de 511,7, lo que implica un déficit de 311 milímetros“, informó.

Esta situación se combinó, en los primeros meses de 2026, con temperaturas inusualmente elevadas. “El calor marcó un récord histórico de 40,5 grados en febrero, superando la marca anterior de 39 grados, es decir, en 1,5 grados más. En marzo, si bien no se rompieron récords, las temperaturas siempre estuvieron en el límite, en valores extremos muy elevados”, acotó el experto durante una entrevista en Radio Santa María de las Misiones (89.3). El cuadro no será muy distinto en los próximos meses: “Las temperaturas van a bajar y habrá mas precipitaciones, lo que marcaría un descenso respecto a los críticos registros, pero se entraría a una fase neutral sin mucho cambio”.

En ese marco, los problemas de agua vienen siendo cada vez más frecuentes (el 16 de marzo se inhabilitó el paso fronterizo entre Panambí y Porto Vera Cruz por la bajante del río Uruguay) en la zona rural y en la urbana, repercutiendo en la producción agrícola (sobre todo en los cultivos hortícolas y anuales, y la ganadería), en el sector turístico, en comunidades mbya guaraní y también, por supuesto, en la población urbana (casos muy conocidos son el de Eldorado, que en el año 2020 vio seriamente afectado su fuente, el Piray Miní; el de Jardín América y el de Oberá, con problemas de abastecimiento por el bajo caudal de los arroyos Tabay y Ramón, respectivamente).

Un aspecto central para comprender el momento que estamos atravesando es que “la fábrica de lluvia” está dañada. Se sabe, y lo ratificó Olinuck, llueve más donde hay bosque. Dicho de otro modo: la presencia de selva contribuye a que tengamos precipitaciones. Esto es así porque los árboles funcionan como “bombas bióticas” que aumentan la humedad del aire a través de la evapotranspiración, liberando enormes cantidades de vapor de agua que forman nubes y provocan precipitaciones (los bosques pueden reciclar hasta el 75-85% de su propia lluvia, creando un ciclo autosuficiente). Al mismo tiempo, los bosques facilitan la infiltración del agua de lluvia hacia las napas subterráneas (acuíferos), recargando las reservas, multiplicando vertientes y manteniendo el caudal de arroyos y ríos.

La “fábrica de agua” está dañada en Misiones y en la región. La Selva Paranaense, cuyo último reducto continúo estaba en esta provincia, el Corredor Verde, hoy está en situación crítica por la alta fragmentación ecológica, modificándose los servicios ecosistémicos, y la deforestación e incendios ocurridos en los últimos años en la Amazonia, alteraron el “recorrido” de “los ríos voladores”, de las masas de vapor de agua generadas por la evapotranspiración de esa selva, es decir: los ciclos de precipitaciones en esta parte de América del Sur.

Un dato que ilustra la situación provincial: La Fundación Vida Silvestre Argentina fue muy clara al afirmar que “la deforestación es fluctuante, pero se mantiene constante a lo largo del tiempo. Entre 2007 y 2023 se perdieron 69.601 hectáreas de bosques nativos en la provincia. De particular relevancia es que 22.357 hectáreas se perdieron en zonas de mediano (amarillas) y alto (rojas) valor de conservación del Ordenamiento Territorial de los Bosques Nativos” (ver: https://paranaense.com.ar/estrategico-a-nivel-mundial-el-bosque-atlantico-necesita-una-politica-de-estado-en-conjunto-de-brasil-argentina-y-paraguay-y-una-nueva-economia-regenerativa-con-biodiversidad-e-inclusion-social/ ).

En este contexto, cabe recordar otro momento muy delicado que se dio con los incendios de magnitud que, como nunca antes en Misiones, se manifestaron con fuerza en noviembre de 2020. La Reserva de Biósfera Yabotí y el Parque Cuña Pirú fueron los lugares emblemáticos más afectados. Un año después, el verano 2021 – 2022, aquel escenario se multiplicó, llevándose por delante no sólo áreas protegidas, como la Reserva Guaraní y el Parque Salto Encantado, sino también plantaciones de yerba mate, galpones con tabaco, animales y demás sustentos de los agricultores, extendiéndose tanto en el norte, como en el centro y el sur del territorio, y en distintos momentos, desde diciembre hasta bien entrado marzo, cuando llegaron las lluvias. “Lo que vivimos fue cosa de película”. Como nunca antes, las y los misioneros nos sentimos acorralados por un fenómeno vinculado a la depredación ambiental y al cambio climático. Se informó de bajantes en los ríos Paraná, Paraguay e Iguazú. Y en varias localidades hubo emergencia hídrica, como es el caso Jardín América, Apóstoles, Leandro N. Alem, Mojón Grande, Oberá, Montecarlo, Bernardo de Irigoyen, San Pedro, entre otros. El avance de las llamas y la escasez de agua se metieron en la cotidianidad de cada uno de los hogares, en las chacras y en las ciudades. Reinó la preocupación y el desconcierto.

Fenómenos extremos frecuentes

Los fenómenos climáticos son cada vez más extremos, de acuerdo a los registros de Olinuck, y ese comportamiento responde a distintas causas. Un escenario que ya forma parte de la cotidianeidad de la población.

Los datos hablan por si solos: “Tuvimos una sequía que se inició en junio de 2019 y se extendió por 4 años. En ese período, tuvimos épocas cortitas de lluvia. Nunca había visto eso. El 2020 fue seco, con unos 1600 milímetros de lluvia caída; el 2021 con 1.400 milímetros; el 2022 también por debajo de lo normal, con 1.700 milímetros, y recién en septiembre del 2023 comenzó a cambiar y ese cambio también fue muy contundente, con lluvias por encima de los valores normales. En octubre, noviembre y diciembre de 2023 tuvimos un pico de 1.000 milímetros. Eso solo en un trimestre“, recordó Olinuck. Es decir, repasó, “veníamos de la sequia más larga registrada, y en octubre hubo un récord histórico de 530.8 milímetros de lluvia, y luego en los meses que siguieron, tuvimos un pico de 1.000 milímetros, cerrando un trimestre atípico”. Otro ejemplo, agregó, es que “en enero del año 2022 teníamos temperatura por arriba por los 40 y en marzo de ese año tuvimos 359.7 de lluvia. Otro récord histórico para ese mes. Pasamos de un extremo al otro sin escala”.

“¿A qué responde, cómo se genera, esta variabilidad climática? ¿A fenómenos globales o locales, o ambas cosas?”, preguntamos a Olinuck.

El Niño y La Niña son algo global, que ni siquiera se puede saber si van a dar, y si está vinculado a lo que sucede en Brasil, y se intensifican por cuestiones locales. Es evidente la influencia que ejerce en nosotros los cambios ambientales ocurridos en Brasil. Por ejemplo: tenemos centro de alta presión en el Atlántico, que genera entrada de masa de aire con humedad, pasa sobre Brasil y tiene dirección hacia Paraguay norte y centro de Argentina, y nosotros, Misiones, estamos en esa zona de recorrido. Antes esa masa pasaba sobre una selva densa completa, la Amazonia, y se retroalimentaba (rios voladores). Eso cambió bruscamente. Siempre decimos que ahora esa masa en ves de traer humedad, ahora trae humo a nuestra región…“, explicó el experto.

Por otra parte, observó, “las lluvias locales, convectivas (precipitaciones intensas y de corta duración, típicas de zonas cálidas), dependen mucho de una situación local, principalmente en verano: con temperatura elevada y si hay humedad, llueve. Si estamos en la zona en Urugua-í, localmente eso puede tener una influencia… Si vengo más al sur, con temperatura elevada y baja humedad, llueve menos. Esto está demostrado en nuestros promedios históricos: en una misma época, podemos tener 1.800 milímetros de lluvia en el sur, y 2.200 milímetros de lluvia en San Pedro, cerca de Bernardo de Irigoyen. Más bosque y más altura, más lluvia. La cantidad de monte se refleja en la cantidad de lluvia“.

Qué se hace y qué se puede hacer ante la emergencia hídrica

En el 2023, el Gobierno de Misiones declaró que la provincia está en Emergencia Hídrica y esa medida administrativa y legal para agilizar recursos técnicos, financieros y operativos para mitigar el impacto en la población, la producción y el ambiente, se mantiene desde entonces.

Teniendo en cuenta los datos meteorológicos y que está dañada la Selva generadora de servicios ecosistémicos cruciales, como la regulación climática y generación de agua, la pregunta que se impone es ¿Qué más se hace desde el Gobierno, principal actor por la responsabilidad colectiva que le toca, para garantizar el agua en cantidad y calidad?

Públicamente se informó sobre una estrategia coordinada con diferentes organismos del Estado para combatir posibles incendios, y se anunció, desde el Ente Provincial Regulador de Agua y Cloacas (EPRAC), que “junto a la Mesa de Manejo de Agua, se han implementado políticas preventivas, estrategias de capacitación y obras de infraestructura clave para anticiparse a crisis hídricas y enfrentar los desafíos del cambio climático”.

¿Alcanza esto para enfrentar una crisis hídrica que no para de profundizarse y que además debe enmarcarse en el cambio climático global que altera el ciclo hidrológico natural, intensificando los fenómenos extremos? ¿Alcanza con mejorar la infraestructura mientras se sigue “secando la región”? ¿Tenemos garantizado el agua para la producción de alimentos, para la industria, para el consumo, para la salud, para el turismo?

¿No se aplicarán programas para recuperar la “fábrica de lluvia”, el Corredor Verde? Si sabemos que menos árboles nativos significan menos evapotranspiración, lo que reduce lluvias regionales e intensifica sequías, ¿no sería atinente que el Ministerio de Ecología y el de Cambio Climático implementen medidas concretas, prácticas, en el territorio, involucrando a la población y diversos organismos en la restauración ambiental para garantizar la disponibilidad de agua?

Esto último fue planteado ya en agosto de 2022 por organizaciones sociales, productivas, gremiales, indígenas, de Derechos Humanos y ambientales, en un documento entregado al gobernador Oscar Herrera Ahuad, a través del cual se le solicitó avanzar hacia un nuevo esquema productivo, volcado a proteger el agua y otros bienes esenciales para el crecimiento y desarrollo de la población.

El planteo fue realizado por Hugo Sand, de APAM; Cristian Cabrera, de Los Pueblos Originarios en Lucha: Florencia Orlando, de Raom y Laicrimpo; Graciela de Melo, de la CCC; Raúl Aramendy, por Serpaj; Salvador Torres, del MAM; Claudio Salvador, referente territorial del Movimiento Ecuménico por Derechos Humanos; Leandro Sánchez, por CTA y ATE; y Rulo Bregagnolo, por Grupo Ecologista Cuña Pirú y Frente Ambiental Kaapuera.

Se enfatizó en que hay experiencias y profesionales que saben cómo ir en esa dirección de manera eficiente. Pidieron al Gobierno la implementación de políticas productivas / económicas / turísticas con acento en lo autóctono, con la yerba mate como cultivo regenerador de todas las formas de vida, fortaleciendo la agricultura familiar, la población indígena, la producción e industrialización de alimentos sanos, la agroforestería, y a la par la recuperación y conservación del monte, la biodiversidad, en regiones claves como los corredores ecológicos, las zonas de vertientes y de nacientes de los arroyos. También información constante, actualizada, sobre el comportamiento del clima, y su aplicación a programas socio agro ambientales.

Solo a modo de ejemplo específico sobre el agua, se destacó entonces el rol de la Red de Agua para Desarrollo Rural, que motoriza la recuperación de arroyos involucrando a intendencias, cooperativas, jóvenes y vecinos, y se ponderó medidas como las impulsadas por el agrónomo Néstor Munaretto, sobre el aprovechamiento de agua de lluvia y la sistematización de caminos para que el agua de las precipitaciones queden en las chacras, algo que organismos como el INYM y el INTA han tomado y plasmado en sus gestiones.

Perspectiva meteorológica

Las lluvias llegarían con intensidad después de la mitad de este año 2026, cuando comience a manifestarse el “súper El Niño”. Serían excesivas, impactando en el agro y centros urbanos.

El 2026 podría superar o igualar los registros históricos de calor, manteniéndose por cuarto año consecutivo como uno de los años más cálidos desde 1850, y en paralelo, de acuerdo a lo que anunció el portal Meteored, se manifestaría un “súper El Niño” en los próximos meses.

Desde la primavera 2026, la señal húmeda empieza a consolidarse en el NEA, con anomalías que pueden superar los 100 mm en Misiones“, dice el escrito del meteorólogo Mauricio Saldivar publicado en Meteored. “En el verano 2026-2027, cuando El Niño esté plenamente activo, el núcleo lluvioso cubrirá Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y el noroeste bonaerense, con excesos que rondarán los 60 mm o más en todo el trimestre”, informó el experto, al tiempo que destacó el impacto sobre el agua y centro urbanos (“las lluvias excesivas asociadas a El Niño elevan el caudal de los grandes ríos —el Paraná, el Uruguay y sus afluentes— que, cuando esa crecida coincide con el pico estacional, amplifican su impacto sobre las ciudades ribereñas”). También hizo notar que “el Servicio Meteorológico Nacional atraviesa un proceso de desfinanciamiento y desarticulación que compromete la capacidad del país de anticipar y comunicar estos eventos. Sin estaciones operativas, sin presupuesto y sin los recursos humanos adecuados, los pronósticos pierden resolución justo cuando más se los necesita..“.

FOTOS: Rulo Bregagnolo.