La cosecha de yerba mate en Misiones, que se inicia en abril y se extiende hasta agosto/septiembre, representa la identidad productiva y el corazón socioeconómico de la región. Concentrando más del 87% de la producción nacional, el cultivo y recolección de la hoja verde han moldeado el poblamiento provincial y es el motor de vida de miles de familias de colonos.
Aquí, en la tierra colorada, la yerba mate es paisaje, memoria y arraigo; es el eje de históricas luchas sociales y ambientales, y la máxima reivindicación de la familia agraria. Esa cultura del mate que se inicia cada mañana en las chacras misioneras, gracias al esfuerzo de tareferos y productores, trasciende fronteras y une al país.

Mucho más que un alimento
Su importancia cultural, histórica y económica se destaca con varios pilares y cobra especial dimensión en la actualidad:
- Herencia Guaraní y Jesuítica: El uso y la recolección de las hojas de caá fueron iniciados por los pueblos originarios, quienes consideraban a la planta un regalo divino. Más tarde, las misiones jesuíticas sistematizaron su cultivo y popularizaron la infusión en Europa bajo el nombre de “té de los jesuitas”.
- Eje de Colonización: A principios del siglo XX, con la llegada de las corrientes migratorias, la yerba mate se transformó en la vía tradicional de arraigo a la tierra. Este impulso fue motorizado por el Gobierno nacional, que buscaba poblar y consolidar las fronteras de esta región estratégica de la Argentina.
- Escenario actual y crisis: La producción yerbatera reúne a unos 15 mil tareferos, 13 mil productores, más de 50 cooperativas, 200 secaderos e industrias. Hoy atraviesa una severa crisis. La desregulación del mercado, impulsada a nivel nacional, le quitó al Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) la facultad de fijar precios para la materia prima. Actualmente, las industrias imponen los valores de forma libre. Mientras que los costos de producción superan los $500 por kilo de hoja verde, los productores reciben apenas entre $170 y $260. Esta brecha asfixiante ya provocó una caída de la cosecha superior al 13%, el abandono de chacras y un clima de protestas que mantiene en vilo a toda la provincia.

Memoria y movilización
A pesar de la tormenta que hoy sacude a la gran familia yerbatera, la historia demuestra que las raíces de la tierra colorada son tan profundas como su historia de lucha, como la de los tractorazos de fines de la década del 90 e inicios del 2000 que dieron origen al INYM.
El pueblo misionero ha sabido capear innumerables crisis a fuerza de cooperativismo, solidaridad y un amor inquebrantable por su tierra.
La yerba mate no es solo una mercancía que cotiza en el mercado; es el alma de una provincia que no se rinde.
Con la misma convicción de los pioneros y la fuerza de las nuevas generaciones que defienden su legado, organizaciones agrarias, sociales, gremiales y académicos luchan para recuperar las herramientas que garantizan que el mate siga siendo, en cada rincón del mundo, un símbolo de encuentro, precio justo, trabajo digno y esperanza.
Fotos; Familia Petterson / Andresito / Junio de 2026.